Elijamos alguna noticia al azar: Por ejemplo, la ola de calor que tuvimos este mes de agosto. O las caravanas de las operaciones de salida y entrada. O la incoación de las famosas rebajas. Son noticias que podrían ofrecerse en unos minutos con al-gunas escenas adecuadas a cada noticia, pero el telediario tiene que estirarse para llenar la media hora de emisión, y aquí es donde surge lo más curioso de estos programas.
Porque no se limitan a describir la noticia lo más escueta y claramente posible (norma elemental de periodismo), sino que la amenizan con sus preguntas a cualquier persona que encuentran por la calle o por la playa o en cualquier atasco. Y así tenemos que aguantar que un señor nos cuente que lleva parado media hora (ya lo sabíamos), que una señora gorda en traje de baño nos diga que hace mucho calor (tambien lo sabíamos), o que otra señora que está recorriendo las rebajas nos cuente que ha comprado un jersey muy mono y muy barato.
Estas preguntas a peatones, peatonas o a cualquier señor o señora que va por la calle, me resultan absurdas y ridículas, porque nunca dicen nada que no nos haya dicho ya el locutor. ¿Por qué entonces se utiliza esta fórmula tontorra de alargar las noticias? ¿A quién se le ocurrió esta fórmula de las preguntas personales que resultan absurdas porque no tienen el menor interés noticiable?
Yo las entiendo en algún suceso importante, porque los testigos a veces (que no siempre ni mucho menos) aportan algún detalle interesante. ¿Pero qué detalle puede aportar a la noticia de una ola de calor lo que diga la señora gorda de la playa que está sudando debajo de su sombrilla? ¿O el conductor que lleva media hora metido en un atasco? ¿O la clienta que se ha comprado un jersey en las rebajas?
Los directores de telediarios consideran, sin embargo, que eso es muy periodístico (¿angelitos!) y por eso temo que seguiremos teniendo que soportar las opiniones del público en general diciendo melonadas.









