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Sociedad

EL AMOR DE... IGNACIO TAIBO
«Ando con el corazón partido»
El director de la Semana Negra de Gijón se queda «soltero» en la ciudad asturiana durante el verano, mientras su mujer permanece en México
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«Ando con el corazón partido»
35 AÑOS CON PALOMA. Taibo añora a su mujer durante sus separaciones veraniegas. / J. PAÑEDA
«Mis veranos tienen que ver más con la ausencia que con la presencia, porque me quedo soltero durante dos meses». Paco Ignacio Taibo vive en México y pasa los veranos lidiando con la Semana Negra de Gijón. «Mi mujer se queda allí. Y para terminarlo de joder soy monógamo, así que mis veranos tienen mucho que ver con la nostalgia que tengo de Paloma, y no con los posibles y potenciales flechazos que podría sufrir si anduviera por ahí como una mariposa». Su vida no se rige por estaciones ni calendarios. «Mi verano no es tan particular y obsesivamente significativo como el de los españoles, que se dedican a sufrir durante diez meses, a 'pseudogozar' de los dos restantes y a volver a sufrir de nuevo. Yo me lo paso muy bien los doce meses, me gusta mucho lo que hago».

En su estancia gijonesa no hay pautas ni rutinas. «A veces mi mujer viene para un mes; otras se queda 20 días o simplemente no viene. En verano me entran potentes ataques de amor. Reviven una relación que empezó hace 35 años. Ando con el corazón partido». Dice que lo lleva bien. «Hablamos por teléfono y por correo electrónico, porque el sexo virtual no es lo mío». Luego recuperan el tiempo y se desquitan. «La virtud de estas separaciones es que nos reencontramos.Y reencontrar a tu pareja cuando llevas mas de 30 años con ella es un hallazgo feliz».

Si tiene que recordar un «gran flechazo», elige el más renacentista. «Paloma y yo dijimos: 'Vamos a hacer un viaje de verdad'». Cruzaron media Europa y recalaron en Venecia. «Llegamos desarrapados, como somos, al hotel del Gran Canal. Todos los muebles tenían su sello que decía: 'Departamento de Bellas Artes, siglo XVI, prohibido dañarlo durante su estancia'». Venecia le pareció y le parece espléndida. «¿Qué tuvo de especial? Descubrir una ciudad con la mujer de la que estás enamorado desde hace 15 años ya me parece glorioso. Sobre todo cuando estás acostumbrado a que las parejas de tu entorno revienten como globos».

Admite que pueda surgir un flechazo entre dos desconocidos que se miran por primera vez a la cara. «Creo que el amor es básicamente un trabajo, pero no dudo de que, de repente, la química actúe entre la gente que se cruza por la calle. Creo en esa química porque, como escritor, la registro». Y, si es necesario, la inventa y la recrea. Dice que conoció a su esposa por un ajuste de cuentas. «Mi compañero de piso me debía tres meses de renta. Le dije: 'Me presentas a una rubia con pecas o pagas'. Y me presentó a Paloma. Entonces le contesté: 'No pagues, vete y déjame a esta chica que me gusta'. Fue interés a primera vista, aunque luego nos costó meses construir aquella historia».

«A cinturonazos»

«¿Quién no ha tenido amores a los 13 años? El que no lo haya hecho es un marciano» . A Taibo le gustaba una chica que estudiaba en un colegio religioso. «Pero me duró poco porque los vecinos de la manzana en la que ella vivía me sacaron de allí a cinturonazos». En aquellos años la idea de «la hembra protegida» estaba muy extendida en la ciudad de México. «Si hubiera estado más informado, jamás me hubiera gustado una chica de colegio de monjas y falda larga. ¿Horror!». Son sus recuerdos y los respeta. «Pero no siento obsesión por ellos. No soy fetichista del pasado».

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