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Juegos de palabras
21.08.07 -
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Los nombres de los toros importan. Tanto o más que el código genético. Sirvan como muestra, no uno, sino seis botones. Seis toros. De la ganadería de El Pilar. Los lidiados ayer tarde en la plaza de toros de Vista Alegre. El ejemplar que rompió festejo se llamó 'Cotidianero'. Sin pretenderlo, su comportamiento fue el anunció de la tónica cotidiana del encierro completo: falto de raza y clase, afligido, sin fijeza y descompuesto. Se salvó el cuarto astado, segundo del lote del maestro Rincón, enrazadito, temperamental y con voluntad de perseguir los engaños. El segundo morlaco fue bautizado en la primavera de 2003 'Dudero'. Y vaya si dudó. Se empleó a regañadientes. E incluso pretendió contagiar sus dudas a José María Manzanares. Gazapeó, repuso los viajes y miró por encima del estaquillador. Afortunadamente el diestro alicantino mantuvo el tipo. En tercer lugar saltó al ruedo 'Potrico'. Que ni pintado. Protestón y rebrincado desde su salida por chiqueros, quiso anticiparse a las acciones de Luis Bolívar. Se empleó con los pechos. A saltos. Como un potrillo. O potrico. Permítanme la licencia. El astado con el que Rincón se despidió de la afición bilbaína se llamó 'Huracán'. El que se levantó a mitad de faena. Al parecer, ni el dios Eolo quiso perderse la histórica efeméride. En quinto lugar se lidió a 'Burriño'. Que debe de ser burro en lengua gallega. Como tal se comportó. Se movió, sí, pero sin entrega. Ni clase. Ni voluntad. De aquí para allá. Hasta soltó coces al aire. A lo dicho, como un borrico. Cerró plaza 'Bello'. Manda cojones. Precisamente el toro más feo del encierro. Alto de agujas y sin cuello. Pelín apelotonado. Con todo, el de El Pilar propició que Luis Bolívar nos ofreciera la cara más bella de su tauromaquia. ¿Importan o no importan los nombres? A los hechos me remito.
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