Ya hubo un milagro para que se celebrara el festejo, porque después de llover durante la noche y de la manta de agua que cayó al mediodía todo el mundo apostaba y temía por la suspensión o aplazamiento. Pero el piso de plaza de la Monumental de Vista Alegre debe ser modelo para el mundo de Tauro porque quedó de maravilla para hacer el toreo.
La pena fue que allí no hubo emoción, codicia, fuerza ni víspera de peligro de los cornúpetas, salvo un poco en el cuarto y más en el quinto, y fue una pena que el público tan cariñoso tuviera que pedir a los toreros que mataran porque a las claudicaciones y sosería de los astados se sumaba la vulgaridad y la aburrida decepción.
Cuando no hay emoción, los pares de banderillas en algunos casos parecen pinchazos a las banderillas de las barras tabernarias.
A punto estuvo Curro Molina, en el sexto, de darnos una alegría, pero sólo lo hizo en el primer par. Su colega Manuel Molina, no son familia, estuvo muy desacertado con el segundo de la tarde, con el que el varilarguero Doblado estuvo de enfermero a caballo. Pablo Delgado, que va de tercero en la cuadrilla del galo Castella, puso su par a los dos toros con limpieza, desahogo y precisión. Al quinto, con dos bieldos de asustar, lo picó muy poquito Josele por orden de su 'jefe'. Fue un acierto y a pesar de todo claudicó un puñado de veces. ¿Todos anduvieron escasos de motor con cuatro años! Qué se podría esperar si hubieran cumplido hace tiempo los sesenta como tanto valetudinario que anda por la feria.
Al extremeño Talavante le correspondieron los dos más impotentes. Sus banderilleros, Luis García, que lidió muy bien al tercero, y Fernando Plaza clavaron los cuatro pares sin problemas, con aseo y sin riesgo evidente. Lo mismo le ocurrió al 'tercero' Lebrija. La fiesta, ni a la hora de apuntillar tiene importancia si no hay ese reguero de susto. Por eso va el público y paga en las plazas. No quiere tragedias pero sí que lo que se haga abajo no lo haga cualquiera. Nadie paga por ver a una lavandera, a un mecánico o a un camarero. Ni siquiera se vende entrada para los que se la juegan en los andamios.
Con el panorama descrito, el director Michel y sus profesores de Erandio dejaron llecos un montón de pentagramas. Escuchamos 'Amparito Roca', que en su día se dedicó a una tía del actual ministro Bernet Soria; 'Ragón Falez' que el maestro Cebrián dedicó a una señora llamada Rafala Gonzales y sincoparon, o lo que sea, el título por estética, y el popular 'Puerta Grande' en el segundo toro. La autora es una dama de Cuenca, emigrante en Barcelona, y que por buen nombre tiene Elvira Checa. Algo es algo.
Toreaba El Fandi, espectacular rehiletero, y tampoco pudo lucir como suele porque los toros no le ponían a prueba la salida de los pares, que ayer fueron en algunos casos muy clásico y asomándose a los rizos. También ofreció el del 'violín' saliendo del estribo, otro por los adentros y en todo momento dominio y cierto temple que ya llevaban sus toros por ser más de gasoil que de gasolina.










