Y como esta catilinaria la escribió a cuenta tan sólo de algunos vocablos poco usuales en nuestro lenguaje coloquial, pero que figuran sin embargo en el diccionario de la RAE, yo me pregunto: ¿Qué hubiera escrito nuestro premio Nobel ante toda esa ristra interminable de anglicismos inflagaitas (por no usar otro calificativo más sonoro) que los de la televisión están metiendo con calzador en sus programas?
Los presentadores de la T.V. consideran, por lo visto, que el idioma castellano ya no está de moda. Decir, por ejemplo, que algo está de moda, resulta un poco ordinario y para dar elegancia actual a su lenguaje, prefieren decir que está 'fashion' y se quedan tan frescos.
Y lo mismo que hablo de 'fashion' (moda) podría hablar de 'esponsor' (patrocinador), de 'look' (aspecto), de 'glamour' (encanto), de 'number one' (número uno y pronunciado namber uan que da más prestigio) o del horario 'prime time' (horario estelar y pronunciado praim taim, que es ya la repera de la cursilada televisiva).
Pero lo malo no es que los de la televisión estén poco a poco apolillando como carcomas nuestro rico y expresivo castellano. Lo peor de todas estas ghilipolleces (y ustedes perdonen la manera de señalar) es que se trata de una enfermedad gramatical más contagiosa que la gripe y eso trasciende al paisanaje que poco a poco se va dejando ganar por estas chorradas prosódicas.
Hace unos días paseando con el señor García, pudimos ver el nombre de un bar pintado el faldón de su toldo. Sin duda su dueño se llama Pedro y podrían haberlo llamado el 'Bar de Pedro', pero considerando que eso es un poco vulgar, para dar al establecimiento más categoría, modernismo y elegancia, lo han escrito utilizando el genitivo sajón y se llama 'Pedro's Bar'. Chúpate esa mandarina Severina.










