
EL PERFIL
Alfonso está empadronado en el pueblo y, desde niño, pasa aquí las vacaciones. «Mi madre es de Ea, mi padre de Alicante, residimos en Madrid, ¿y yo vengo encantado!», suelta entre risas, mientras se frota los brazos y agita los pies. Lleva toda la mañana a remojo, braceando de un sitio a otro, y no puede más. Los músculos le tiemblan y tiene cara de sueño aunque no sea la hora de la siesta. Que no se echará porque, después de comer en casa de los abuelos, le sobrarán energías para volver a las andadas. Quizás juegue a frontenis, o salga a correr, o abra un libro, o vea una película en Lekeitio o... se tumbe tranquilamente en un banco para escuchar los latidos de su corazón. «De verdad que no me aburro. Y, de todas maneras, si un día me apetece algo distinto, pues cojo el coche y me marcho a Bilbao».
Miedo a las culebrillas
No se complica la vida. A la primera de cambio, sabe qué dirección tomar. Por eso no dudó en irse a Manchester durante la carrera y ya sueña con pasar una temporada en Italia, «porque allí están como locos, igual que yo, y eso me gusta». Alfonso nació con el don de no tomarse en serio y lo cultiva con ganas: se ríe de su sombra día y noche, es 'fan' de los Monty Python -«¿debía haber nacido en los 70!»- y no practica senderismo porque es «un acojonadillo con miedo a las culebrillas». Lo dice con los ojos muy abiertos, como si tuviera una pitón subiéndole por la pantorrilla...
En la playa, la gente va y viene, unos sacan el bocadillo, otros sacuden las toallas y no faltan quienes roncan a pierna suelta. Alfonso suspira, se pasa la mano por la frente y, por costumbre, se detiene en la cicatriz que le abulta una ceja. «Son heridas de guerra, de cuando jugaba como portero en el San Sebastián de los Reyes. ¿Mi madre temblaba cada vez que salía al campo!». Y se echa a reír agitando la cabeza que, por suerte, conserva intacta. Ahí dentro le hierven a fuego lento un sinfín de proyectos, aderezados «con un poco de ansiedad y mucha ilusión». En septiembre, le tocará probarlos... Pero, antes, ¿nada como la comida de los abuelos!










