«Confundido y aturdido» por el impacto, Antxon Calzada, el padre de la niña, detuvo el coche junto al arcén para intentar aclarar qué es lo que había ocurrido. Al bajar se encontró dos cosas: un «importante agujero» en una de las lunas traseras de su automóvil familiar y a «un hombre de unos 50 años» que, a unos 40 metros de distancia, corría hacia ellos gritando y agitando los brazos. «Podía haber matado a alguien. Pero no se interesó en ningún momento por nosotros o por lo que había podido ocasionar. Lo único que hacía era gritar y repetir que él había pagado cinco millones de pesetas para jugar al golf, no para ver pasar coches», recuerda Calzada.
El suceso ocurrió en un pequeño camino que conduce al restaurante Ormaondo, en un punto que atraviesa el hoyo nueve del campo de golf de Artxanda. «El hombre insistía en que él tenía derecho a lanzar la bola, por mucho que nosotros estuviésemos pasando por ahí en ese momento. No le importó lo que pudo habernos hecho. Sólo repetía que había pagado cinco millones y que llevaba todo el día viendo pasar coches. Yo me fui acalorando. Al ver que no entraba en razón pensé en llamar a la Ertzaintza, pero vi que mi hija estaba llorando y no quería estropear la fiesta. Así que nos marchamos a comer, pero del enfado que tenía encima reventé una rueda al aparcar en el restaurante», explica.
La cosa no quedó ahí. Al día siguiente, Calzada subió hasta el club de golf para pedir que le indemnizasen por los desperfectos que había ocasionado el pelotazo. «Me dijeron que no me preocupara. Me tomaron los datos y me aseguraron que me llamarían. Pero no lo hicieron».
«Esperando disculpas»
Desde entonces sigue «esperando una disculpa» por parte del club de golf. «Pero en lugar de eso, el pasado 25 de junio recibí una carta de unos abogados en representación de la sociedad deportiva en la que me venían a decir que no era responsabilidad suya, que no me iban a pagar nada porque el accidente no había tenido lugar dentro de sus instalaciones. Nos sentimos ultrajados», reconoce.
EL CORREO se puso ayer en contacto con responsables del club de golf de Artxanda para conocer su versión de los hechos. Las fuentes consultadas no supieron aclarar si existe algún tipo de acuerdo que permita el paso de vehículos hacia el restaurante a través del camino situado en el campo de golf. Tampoco supieron precisar si la titularidad de esa carretera corresponde a la sociedad deportiva. No obstante, fueron rotundos al asegurar que se han pedido «mil disculpas» a la familia de Haizea y, sobre todo, subrayaron que lo daños que un jugador pueda causar dentro del campo -al que sólo se puede acceder estando federado- son responsabilidad exclusiva del seguro del propio golfista. «Tendría que saber a quién pedir responsabilidades», recalcan.










