
El reloj marcaba las diez de la noche cuando Javier Ibarra, más conocido como Kase O; David Gilaberte, alias Líriko; y Hate, de nombre real Sergio Rodríguez, salieron a cenar a un restaurante cercano al Ercilla, donde estaban hospedados. Sólo Rubén Cuevas (R de Rumba) prefirió quedarse en el hotel para dormir un poco. «Se ha hartado a comer sandwiches en el ensayo y no podía más», reveló Kase O. Su actuación no empezaba hasta la una y media de la madrugada, pero el cuarteto, que lleva diez años de trayectoria, decidió acercarse antes hasta Botica Vieja para escuchar a su compañero de cartel, Tote King. Eso sí, no sin antes asegurarse de comprar suficiente «fumeque» para toda la noche. En la máquina.
Una vez en su camerino, situado junto al del rapero sevillano, la cosa estaba clara. Bajar los bártulos de la furgoneta y prepararse unos cubatillas para entonar el cuerpo. La mayoría optó por el ron y el whisky. Otros prefirieron empezar con una cerveza. Alcohol en mano, Kase O, Líriko, Hate y R de Rumba, que entre ellos se llaman por los nombres de pila, se movieron al ritmo de las canciones de su «colega» y entonaron sus letras. Así es la trastienda del rap. «Nos conocemos desde hace años y hay buen rollo», comenta R de Rumba, mientras desgasta un cigarrillo. Y es que en el mundo del rap los grupos o se llevan bien o se odian. «En general, hay compañerismo, pero cada vez se dan más piques», reconoce Kase O. La vanidad o, como ellos lo denominan, el «egotrip» está a la orden del día en el mercado.
Cargarse de energía
Si en algo coincidían todos era en destacar la cantidad de gente que se había acercado a verlos. «El público de aquí es increíble. Tienen mucha cultura musical y son vikingos los jodidos», expresó el 'mc' -término para los que rapean-. Los nervios eran inevitables. «Y el que diga que no los tiene, miente. A mí no se me pasan hasta que no salgo y veo que en las dos primeras canciones todo va 'rodao'. Por cierto, tengo que pedir un cenicero...», recuerda de repente el 'dj'.
No tienen que cambiarse de ropa, salen con lo puesto. «¿Última!», grita su mánager, Ramón, refiriéndose al inminente final del concierto de Tote King. «Habrá bises, pero yo prefiero teneros aquí arriba preparados», les avisa. Salen corriendo al camerino. No paran quietos. Dejan sus vasos, toman otra dosis de nicotina. La hora se acerca y la lluvia vuelve a ser su peor enemigo. «Esperemos que la gente no se vaya al tener que esperar», dice Líriko. Los chicos de Tote King llegan de su actuación y se saludan como si se conociesen de toda la vida. «¿Qué tal ahí arriba?», le pregunta Rumba a Tote. «La verdad es que bien», le contesta. R le da la mano y le sonríe: «Venga hombre, la peña ha estado ahí».
La gente empieza a silbar. Están mojados y se agota la paciencia. No quieren esperar. A Kase O se le encoje el estómago, Líriko no para de moverse y Hate empieza a gritar por detrás del escenario para calentar la voz. Se dan besos y abrazos. «Es como cargarnos de energía», apunta Líriko. El primero en salir al escenario es R de Rumba, que pronto supera la criba de las dos canciones. Los tres 'mc' lo dan todo. La gente está animada y ellos también. Sólo hay que ver sus rostros cuando dan la espalda al respetable. Dos bises y el pescado está vendido.
El subidón era tremendo. «No me he puesto a dar volteretas porque me he contenido», asegura Kase O. «Ha sido algo impresionante y la gente lo ha mantenido», valora Líriko. Hablando de mantener, resulta increíble adivinar qué hicieron Violadores del Verso tras finalizar su actuación: meterse en la 'furgo' a escuchar más hip hop. Y después, de fiesta. Como coincidían, «que para eso es Aste Nagusia».











