
Aunque parezca increíble, en la zona hay hasta «cajas registradoras», pero la lista de intrusos contaminantes es larga: carritos de la compra, vídeos, bicicletas, baterías y muchas latas de aluminio. En parte, la iniciativa también busca despejar el fondo marino de los desperdicios que algunos asistentes arrojan al mar durante la fiesta de marmitas que se celebra cada 15 de agosto.
En un principio, la idea era que el área de actuación fuera más amplia. Querían limpiar también unos «antiguos cañones de la Guerra de la Independencia» que aún yacen en el fondo del mar a la altura de la iglesia de Santa María, pero la «falta de condiciones de seguridad» que provocó el mal tiempo obligó a los buceadores a desistir de su propósito.
Por parejas
A pesar de que el comienzo de la ecológica misión estaba previsto para las 15.00 horas, los concienzudos preparativos de los equipos de buceo y la comprobación de que todos los voluntarios tenían su licencia en regla retrasaron la operación una hora y media. Una vez colocados sus 'jackets', de más de veinte kilos de peso, los submarinistas descendieron a pie por la rampa de San Guillén para ir adentrándose en el mar por tandas. Por seguridad, todos debían ir en parejas o tríos.
Una vez sumergidos, los buceadores tenían entre 50 minutos y una hora para recuperar el mayor número de residuos posible y meterlos en el saco de plástico enrejado que portaba cada uno. Cuando emergían, los voluntarios depositaban los sacos llenos en una zodiac y otro barco particular que aguardaban por la zona. Una ambulancia de la Cruz Roja y cinco miembros del club vigilaban desde tierra por si surgía algún tipo de incidencia.










