Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Local

Estás en: El Correo Digital > Local
TEATRO
Un gran artefacto escénico
24.08.07 -
Vota
0 votos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Hay un punto en el primero de los tres tiempos del drama 'La cabra' en que el protagonista desvela su íntimo secreto, «supongo que es gracioso», dice. Martín (José María Pou) es un veterano arquitecto casado con Stevie (Amparo Pamplona). Un día Martín confiesa su adúltera pasión... por una cabra. Como se aprecia 'La cabra' no es realismo social o teatro documento. Y parece graciosa.El dramaturgo Edward Albee (Washington, 1928) es un autor de obra compleja, con una dimensión de lo humano como conflicto ético: la expresión crítica 'el sueño americano' es suya. Y hay a la vez otro Albee del absurdo del que se vio 'El bebé': una vieja pareja roba un recién nacido como diciendo «yo lo vi primero».

Risible o no, 'La cabra' es un notable invento con cargas de profundidad, en el que lo conmovedor no es el chiste, sino sus aledaños. Hay planos, valles en el disparate. Uno, la vuelta cíclica a 'lo normal' en guiño demoníaco de un autor siempre en el filo de lo grotesco, el talante de que nada pasa cada vez que se tensa la crisis. Luego, la imagen externa de felicidad o corrección como clave del espíritu de clase, el disimulo, la evidencia de la doble moral de un padre zoófilo que odia a su hijo gay También, la elección de los tipos positivos y negativos, el chico, el amigo delator.

Este artefacto tan calculado demuestra la capacidad del teatro bien hecho para hacer creíbles las reglas de juego más alambicadas, más ilógicas. Y la decisiva importancia de la interpretación: 'La cabra' se vio en el Arriaga en octubre. Ha habido un cambio, a Mercé Aránega le sustituye hoy -muy bien- Amparo Pamplona. Y se abre un debate para quienes vean a las dos: Aránega tenía un aspecto de domesticidad sufrida que hacía patéticas las transiciones. Amparo Pamplona compone una figura de señora bien, de esposa glamourosa de un triunfador con pies de barro, cuyo pacto conyugal es social, exterior. Y Pou acentúa la tragedia, oportuna palabra sacada del 'tragos' o macho cabrío, y extrema ahora la patología zoófila porque el 'pathos' es la esencia trágica. Véanla y se sorprenderán de sí mismos.
Vocento
SarenetRSS