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CRÍTICA DE TEATRO
Bassi ataca de nuevo
25.08.07 -
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Fue 'La revelación' un título polémico, que puso a Leo Bassi bajo la lupa. Y parece claro que estas cosas no tienen que ver con el veterano payaso tanto como con necesidades de los escandalizados. Bassi es el de siempre, ese bufón laborioso que suda su camiseta. Y la ensucia, la rompe, y la arroja al público de la primera fila.

El texto de 'La revelación' no es más hiriente que el 'Misterio bufo' de Dario Fo, en el teatro, que las cosas de los Monty Phython por tomar un ejemplo televisivo, o 'La isla de los pingüinos' de Anatole France por ir a un antecesor literario. Bassi repite todo eso, él es teatro y TV, y ha editado 'La revelación' en un libro. Nada en su última peripecia merecería la agresividad que le acosa.

Sólo, con dos ayudantes momios/atril/semovientes que salen y entran sin pasión, Bassi habla dos horas, apostillando la tradición bíblica escrita. Tiene ingenio, unas veces más que otras. Es curioso, él lo dice, que lo que atrae la ira integrista son las imágenes curiales, esa especie de papa levitante (es un espectáculo artesanal, no motorizado), los monagos que le acompañan , los símbolos al fin. Pero no le ventean nada que afecte a los grandes relatos fundacionales, que tienen tela, y con los que se ensaña a gusto. Es decir, los demiurgos atolondrados, Adán y la costilla, los contenidos machistas, la divinidad cruel, los mitos político-imperialistas, la clerecía, la improbable convención del sexo actual , todo eso va sin gloria ni pena. Pero no un actor pontificial, una parodia o un color. Y más allá, si el monólogo se oyera en otro sitio, herirían las imágenes, un lama chungo o un pope con hechuras de Drag-Queen. Pero no importa qué se diga porque a esos relatos, tan parecidos, se les otorgan restricciones acríticas que los hacen aceptables en cada geografía.

Es el Bassi que no defrauda a sus fans. Limitado y excesivo, más locuaz que expresivo con su media lengua, y mediano actor. No es Fo, no es Python's. Su colofón es ponerse pies arriba levantando en equilibrio al aire un piano ful, sin saberse bien a qué versículo sacro corresponde el esfuerzo. Tal irreverencia debiera provocar la airada réplica de los conservatorios de música, los equilibristas, los maquietistas, los funambulistas, y tantos burlados más, y no solo de los hermeneutas. Para adictos, como puede suponerse. Y basta.
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