
El diestro salmantino Domingo López Chavez da un pase con la muleta a su segundo astado en la novena y última corrida de abono de la Aste Nagusia. /Efe
La ficha
Cinco toros de 'Cebada Gago', el primero como sobrero, parejos y muy bien presentados. Corrida seria, sin exageraciones de volumen, pero bien armada y con trapío, encastados y de juego variado. Los mejores, tercero y quinto. El sexto fue un sobrero de Loreto Charro, flojo y sin contenido.
Juan José Padilla: pinchazo y estocada corta caída (silencio); y pinchazo y estocada (silencio).
Domingo López Chaves: pinchazo, media, tres descabellos y nueva estocada casi entera y baja a toro arrancado (silencio tras dos avisos); y estocada casi entera (ovación tras petición de oreja con pitos al palco por denegarla).
Fernando Cruz: pinchazo y estocada (ovación); y estocada casi entera y dos descabellos (palmas tras un aviso).
La plaza tuvo tres cuartos de entrada en tarde de bochorno.
Tres fallos del presidente, tres. Un día después de los elogios que había merecido por su sensibilidad y acierto al conceder el doble trofeo a 'El Cid' en un toro de Victorino, saludando así el escollo del reglamento vasco que hubiera impedido la salida a hombros del torero en una tarde tan redonda como la de ayer. Pero hoy fue al revés, al devolver dos toros precipitadamente y por no dar la oreja del quinto a López Chaves, rompiendo el ritmo y el buen tono que apuntaba la corrida.
A los toros de Cebada, exigentes, sin perdonar errores, había que poderles. Y como punto de partida se hacía necesario el compromiso de los toreros que no llegó prácticamente hasta el quinto de la tarde. Así que llovió sobre mojado entre los errores presidenciales y la nula justificación de los espadas hasta el aludido quinto. La división de opiniones en los dos primeros arrastres da por sentadas las posibilidades de ambos toros, aunque todavía parte de la plaza tuvo cierta condescendencia con los toreros. Sin embargo, las ovaciones al tercero, cuarto y quinto, son definitivas para entender que los toros dieron mucho más de sí de lo que la terna alcanzó.
El toro que pisó la arena en primer lugar, acalambrado, sin embargo se recuperó enseguida. Anduvo ligero de pañuelo verde el presidente, echándolo para atrás cuando ya se había recuperado; y en todo caso tampoco le dio la oportunidad de haberse picado. Hasta al volver de nuevo a corrales, lució el toro un buen galope. Y salió el primer sobrero, que echaba la cara arriba, con el que Padilla se afligió pronto. Había toreado bien con el capote, y puso tres pares de banderillas con facilidad. Pero en la muleta no pasó de las simples probaturas.
El cuarto, un toro más complicado, le hizo pasar fatigas en el segundo tercio. Y antes, al ver que no iba a poder con él, mandó Padilla que le dieran fuerte en el caballo. Mejor pararlo antes que estar a la deriva, debió pensar. Aún así, el toro tuvo su "carbón", poniéndole en aprietos.
López Chaves salió con aparente disposición en su primero, toro pronto, pero "listo" a la vez. Había que llevarlo muy tapado, y el salmantino pecó de ingenuo, queriéndole torear con la muleta atrás. Así que el toro se "orientó" enseguida, haciéndole pasar un mal rato al torero.
El quinto, queda dicho, tuvo buen son, y esta vez López Chaves se vio más seguro. Faena a más, de series por la derecha muy bien conjuntadas. Aunque todavía le faltó al torero un paso adelante, por ejemplo, en los pases de pecho, algunos muy despegados. La faena, no obstante, tuvo armonía también en el toreo al natural. Y muy oportunas las "alegrías" finales, como la trinchera y un cambio de mano. Estuvo Chaves suficiente para la oreja que el presidente no concedió.
El mejor lote
Fernando Cruz, con el lote en conjunto más propicio, sin embargo, no terminó de creérselo. Le faltó quietud en su primero, al que de paso mandó recetar dos tremendos puyazos. Así tragó menos el torero, pero tampoco pudo ir más allá de los simples proyectos de pases. El sexto de la ganadería titular, había llegado con mucho temple al tercio de banderillas, cuando un inoportuno volatín de tanto humillar, le mermó las fuerzas. El presidente, otra vez sin tener en cuenta la calidad del toro, ordenó su devolución.
El toro de Loreto Charro que salió en su lugar, segundo sobrero en la tarde, tenía muchas menos fuerzas que el devuelto. El trasteo de Fernando Cruz, haciendo el toreo al revés, es decir, de abajo hacia arriba, resultó bastante embarullado. Así terminó una tarde que prometía mucho, y que entre unos y otros, dejaron casi en nada.