-Temporada complicada la suya...
-No está siendo fácil. Cuando un torero deja de ser novedad, las temporadas se ponen cuesta arriba. Los públicos te miden más y más, te exigen. De todas formas, hay que tratar de darle la vuelta a la tortilla, ejercer la autocrítica y valerse de la exigencia como acicate para venirte arriba.
-¿Le ha sorprendido la cantidad de gente que estaba esperando su mínimo desliz?
-No me ha extrañado. De toda la vida de Dios se ha dicho que, en cuanto bajes la guardia, te pegarán detrás de las orejas. Pero una cosa es que te lo adviertan y otra muy distinta, sentirlo. He atravesado una racha mala, de no encontrarme conmigo mismo. He intentado evadirme de lo que se decía de mí, básicamente porque era consciente de lo que me pasaba. Era una cuestión de paciencia: se pasa mal, pero no hay más que apretar los dientes y sacar fuerzas de flaqueza.
-¿El paso por Las Ventas le hizo mucho daño?
-Sí. Como torero y como persona. Las cosas no salieron y la gente lo captó. Fue duro, pero debí admitirlo con cristiana resignación. Y Madrid me pasó factura.
-Estaba advertido. La corrida de Victorino era un arma de doble filo
-No se terminaron de reconocer las dificultades del encierro. Los toros no nos dieron la mínima opción a ninguno de los tres, fue un poco decepcionante.
-En Madrid se anunció excepcionalmente con Lagunajanda. ¿Mejor en sus corridas toristas?
-Pues sí. Prueba de ello es que el cartel de los salmantinos no resultó. Soy torero de otro corte, de otras ganaderías, sobre todo en los grandes abonos. El público me quiere con un toro muy determinado.
-¿Cuáles fueron las razones de su bajón artístico?
-Muchas veces no sentía lo que se tiene que sentir cuando te vistes de luces. El toreo es transparencia y el público caza al vuelo tus sentimientos. Me faltaba sentirme torero, había perdido la ilusión. Ante todo, somos personas y transmitimos lo que llevamos dentro. Cuando un torero pisa el ruedo sin alegría, se le nota.
-Usted es muy sincero a la hora de enjuiciar sus actuaciones. ¿No sabe taparse?
-¿Para qué? ¿Si la gente lo ve en el ruedo! ¿El público no tiene un pelo de tonto! Soy claro, voy por derecho y, cuando no estoy a la altura del toro, lo digo. Al espectador no hay por qué engañarlo.
-¿Cuál fue el día en el que vio la luz al final del túnel?
-¿En Valdepeñas! Compartí terna con Juan José Padilla y Aníbal Ruiz. Fíjese, fue precisamente un toro de Miura el que me devolvió a mi sitio. ¿Qué cosas tiene la vida! Y no me pregunte por qué. No lo sé. Sentí coger aire, reaparecieron las mejores sensaciones.
La familia y la novia
-Durante la travesía del desierto, ¿qué le decía su apoderado?
-Que qué me pasaba, que si tenía problemas con la familia o con mi novia... Hasta habló con mis padres para saber si ellos lo entendían. Pero no hubo motivos concretos.
-Llegada la temporada al norte, López Chaves recupera su sitio.
-Pues sí. Todo empezó con un toro de Cebada en Santander. Por fin la gente pudo ver al López Chaves que recordaba. Fue una pena que lo pinchara con la espada.
-¿Su actuación en Vitoria fue determinante en su recuperación?
-Lo fue. En Vitoria, mi apoderado es el asesor taurino de la Comisión Taurina Municipal. ¿Había que dar el do de pecho! Necesitaba una actuación como esa.
-Lidió toros del Conde la Corte. ¿Le ilusionó el comportamiento de una ganadería señera del campo bravo?
-¿Claro! La ganadería del Conde es madre de un altísimo porcentaje de las actuales. Echó una corrida muy buena, con clase, calidad, bondad... Muy bien hecha.
-¿López Chaves es un torero de ganaderos?
-Entiendo que el lucimiento tienen que ser mutuo, del toro y del torero. Si las corridas de toros son un espectáculo... ¿hay que darle alegría! La gente desea ver arrancarse de lejos a los toros, una suerte de varas en condiciones... Al final, todo eso son puntos a favor del toreo.
-Después de lo que le pasó en Málaga, ¿piensa que los presidentes le niegan el pan y la sal?
-Bueno... Si no las dan, motivos tendrán. Pero, a pesar de no sentirme recompensado materialmente, me quedará el calor de la gente de Málaga, que me obligó a dar dos vueltas al ruedo y me gritó «torero, torero»... ¿En una plaza de primera!
-Y esta tarde, Vista Alegre
-Representa muchísimo en mi carrera. Hay tres plazas clave: Madrid, Sevilla y Bilbao. Son lugares en los que debes puntuar. ¿Por cojones! Tengo un sabor extraordinario de las Corridas Generales del año pasado y sólo pienso en repetir un triunfo. A Bilbao le debo en gran medida estar donde estoy.
-¿La Junta ha sabido recompensar su triunfo del pasado abono?
-Cuando las cosas han salido bien con una ganadería, no hay razón para cambiar. En muchos sitios, aunque triunfes, no te vuelven ni a poner, ja, ja... La corrida de Cebada me ha dado muchos triunfos.
-¿Quiénes son los nombres propios del torismo?
-Respeto a todos los compañeros, toreros como Padilla, Pepín Liria, Fernando Cruz, Rafaelillo... Pero hay uno en especial: el maestro José Pedro Prados 'El Fundi'. Es diferente, todo poderío, todo magisterio, todo entrega... ¿Es un extraterrestre! Y no está suficientemente recompensado.










