
Entre los elementos por los que destaca se encuentra su propia ubicación. Lejos del enclave rural, está emplazado en el corazón de la localidad, la calle Olaso. De ahí que estén presentes en sus fachadas detalles de arquitectura urbana, como columnas, molduras y remates de piedra arenisca. Se levantó a principios del siglo XIX y consta de dos plantas. Sus dimensiones alcanzan los 220 metros cuadrados.
Ha sido testigo, además, del nacimiento de varias generaciones de la familia Ayestaran. «Allí hemos llegado a convivir hasta quince personas», recuerda Rufino Ayestaran, uno de los miembros de la saga que residió en el inmueble. Su bisabuela se lo entregó a su abuela y a su hermano y durante años convivieron dos familias que sumaban once niños. Hoy en día, una de las partes del inmueble permanece deshabitada, mientras que en el resto tan sólo reside una de las hermanas de Rufino.
La familia no oculta el «orgullo» de que el caserío que les vio crecer se convierta en el primer edificio de esta tipología que es catalogado monumento en la localidad minera. Pero lo cierto es que tampoco esconden «la sorpresa» que les ha producido el anuncio del Ejecutivo autónomo, más aún cuando «hace varios años afirmaron que el edificio carecía de interés».
Plan urbanístico
Fue en el pasado mes de julio cuando el Gobierno vasco empezó las gestiones para incoar el expediente. En los próximos días, su publicación en el Boletín Oficial del País Vasco dará inicio al periodo de alegaciones. Posteriormente, el Ayuntamiento deberá decidir en un pleno su futuro: si se destina a uso equipamental público o si, por el contrario, puede seguir siendo utilizado como residencia.
Además, la nueva catalogación de monumento resguardará el singular edificio de futuros planes urbanísticos. En la zona, estaba prevista la construcción de viviendas, cuyas obras condenaban al caserío a la desaparición. Finalmente, la nueva urbanización se desarrollará, pero sin afectar a ningún elemento del inmueble ni a su entorno. Y es que las zonas ajardinadas que le rodean también serán protegidas.
Eso sí, los técnicos del Departamento de Cultura prevén que el edificio recupere su aspecto original. «Convendría eliminar algunos elementos inapropiados que lo desvirtúan porque no forman parte del monumento», se puede leer en el informe del Ejecutivo autónomo. Ante esta situación, todos aquellas obras que la familia Ayestaran incorporó a su estructura, como un mirador de madera o un tramo de barandilla de hierro, se suprimirán para que la casona recobre la estampa que lucía en el siglo XIX.










