
«La orquesta de toda la vida está bajando bastante, aunque hay excepciones como Ermua, Sestao, Portugalete o Barakaldo -explica el veterano Roberto López, de Norte Producciones-. En los pueblos pequeños se ha reducido un montón, porque los jóvenes se van a discotecas y bares, y los mayores bailan cuatro pasodobles y se marchan». Esa percepción de declive es compartida por sus colegas: «Sí, de un tiempo a esta parte se ha producido un bajón grande, grandísimo. La gente se decanta por otros espectáculos y hay actuaciones en plazas vacías», lamenta Débora Campo, de Amalur. Aun así, del 1 de junio al 30 de septiembre del año pasado, la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) contabilizó 1.860 verbenas en el conjunto de Euskadi, con un censo que superaba los quinientos grupos. «Y eso, sin incluir las actuaciones en hoteles y restaurantes», puntualiza un portavoz de la entidad.
También la verbena tiene su hecho diferencial en Euskadi, donde predominan los artistas con estética de entresemana. El grupo tipo tiene cuatro o cinco componentes, frente a las grandes orquestas de doce o catorce miembros que giran por toda España, y prescinde de los metales, las coristas y los atuendos de fantasía propios de la llamada 'verbena espectáculo'. «En su tiempo, eran bandas más orientadas a los jóvenes, pero se han ido adaptando a lo que quiere el público. Ahora, Drindots te tocan 'Eva María se fue' en euskera», comenta Joseba Uranga, de la empresa Kalean. Porque, claro, el idioma es muy importante a la hora de cerrar la contratación: «Tenemos más complicaciones que un representante de Cantabria, eso es obvio. Unos quieren una orquesta que haga canciones de Chayanne pero también un 20% en euskera; otros piden un 40% y algunos, el 90 o el 100%. Y hay pueblos que programan un poco de todo, incluida una orquesta espectáculo si hay dinero», detalla Roberto López, que cita casos como el de la Orquesta Jamaica, de Tudela, que ha incluido en su repertorio diez temas en euskera.
Lo 'camp' arrasa
Los cachés de los grupos son muy variables. Los procedentes de Euskadi suelen cobrar entre 900 y 3.000 euros, con propuestas más baratas en formato reducido, pero una gran orquesta como las de Galicia, auténtico paraíso del show verbenero, alcanza fácilmente los 15.000 euros. Además, la cotización varía en función de las fechas, porque la demanda se dispara en algunas jornadas clave. ¿Y los ayuntamientos son buenos pagadores? «Hay morosos, como en todos los negocios, y unos tardan más que otros, pero en general pagan bien. Cuanto más grandes, peor, aunque Bilbao paga al momento», expone Débora Campo.
Curiosamente, los malos tiempos para la verbena no parecen afectar a uno de los subgéneros con más raigambre en Vizcaya, lo que en el argot técnico se conoce como 'verbena camp' y, en la calle, como chicharrillo. La sesión de tarde para los bailarines veteranos, lejos de marchitarse, arrasa con su eterno reclamo de boleros, pasodobles y rancheras. «El chicharrillo es un exitazo, sobre todo en sitios como Portugalete, Santurtzi o Erandio. Aquello parece Benidorm, con la plaza llena de jubilados y prejubilados», describe López. Este formato reúne a menudo más público que la verbena propiamente dicha y ha dado lugar a su propio 'star system', con nombres como Los Palmeras, a quienes un público fiel sigue de plaza en plaza. «No hay demasiados grupos y se pegan por ellos -comenta Uranga-. El chicharrillo, que en Guipúzcoa no se estila tanto, es una idea sensacional y debería potenciarse, porque logra que estos jóvenes prolongados se desplacen, se abran a otras personas y entablen nuevas relaciones».










