
«A mí se me acerca mucha gente en Barakaldo y me dice: 'No sé que le hacéis a mi ama, que se pasa toda la semana quejándose de la pierna o el brazo y, con el baile, se pone como nueva'. ¿Tenía que darnos algo la Seguridad Social!», bromea José Mari Gandía, trompetista de la banda y único miembro fundador que continúa en el tajo. Porque, aunque su alegría contagiosa sobre el escenario nunca se desvanece, Los Palmeras han pasado temporadas malas: de los músicos que crearon el grupo allá por 1988, el vocalista Raúl falleció en accidente, el saxofonista Ángel enfermó y el batería Alejandro lo dejó, así que el conjunto ha tenido que renovarse dentro de su veteranía. «El cantante, Fernando, entró en el 97 y está jubilado como yo. Los otros dos son más jóvenes: al saxofón está mi hermano, Tomás, y el organista es Patxi».
Los Palmeras sirven como cartógrafos ideales de los dominios del chicharrillo: «Los más fuertes son los de Portugalete y Santurtzi, de toda la vida, pero también actuamos en San Ignacio, en Bilbao, en Trapagaran... Y en verbenas, sobre todo en la margen izquierda, pero también en Álava. El chicharrillo siempre está a tope, sobre todo en Portugalete y Santurtzi, que tienen buena combinación de transporte. En Portu, además, han puesto escaleras mecánicas». Gracias a estos modernos elevadores, las piernas llegan frescas para atacar las rumbas, los chachachás, los tangos, los boleros, los merenguitos... «La música de siempre, que saldrá unas veces bien y otras mal. Y, como es gratis, en caso de que llueva el cantante suele decirles que al final les devolvemos el importe». Los fans de Los Palmeras ya saben, además, que este conjunto tiene extra. El vocalista vive en Llodio, donde trabajó de panadero, pero procede de la navarrísima localidad de Tafalla. «La gente lo sabe y siempre le exige una jota a capella. Si no la canta, a lo mejor nos pegan», se ríe José Mari.
«Estas canciones no van a pasar de moda, qué va», asegura el trompetista, que conoce bien el poder oculto de temas como 'El camino verde'. De hecho, su público está experimentando un rejuvenecimiento llamativo, real, más allá de la desaparición de achaques por el milagro de la música. «El programa 'Mira quién baila' ha dado vida a todo esto. En algunos sitios, aunque haya orquesta para la gente joven, muchos se vienen donde nosotros. Y algunos bailan el tango que ni te imaginas».










