Cuando las bandas con tráiler llegan a una plaza, basta abrir las cartolas para tener el escenario listo, con sus luces, su equipo de sonido y sus instrumentos. Sólo hay que enchufarlo todo a la red eléctrica. Para los conjuntos que recorren largas distancias entre verbena y verbena, esta inmediatez ha supuesto una verdadera liberación: pueden llegar más tarde y marcharse antes, además de ahorrarse disgustos con los indescriptibles tablados que hay por esos mundos de Dios.
Eso sí, en algunas ocasiones el tráiler puede convertirse en un problema insalvable. Hay plazas que no tienen accesos adecuados para un vehículo de estas dimensiones. E incluso puede ocurrir que el escenario montado para otras jornadas impida la maniobra.










