Una empresa alemana fue la que inició las extracciones en el yacimiento en 1941, a la búsqueda de blenda, galena y fluorita. Dos décadas después, en 1965, la firma asturiana Ceminsa se hizo cargo de la galería hasta su cierre en 1977. Aunque singular, la mina Ángela no es única en el valle, donde hace cinco siglos existían ya otras explotaciones subterráneas. Ángela dispone de cuatro cuevas naturales, dos de ellas de gran tamaño, y su principal atractivo reside en la conservación de elementos que permiten interpretar su antigua actividad minera.
«Esperamos recibir dinero para reformar Ángela entre septiembre y octubre», explica la concejal de Cultura carranzana, Garbiñe Aja. La idea que mantienen en el Consistorio encartado es la de recuperar las visitas guiadas que tan buenos resultados tuvieron el pasado verano. «Estuvo abierta entre julio y septiembre y por ella pasaron más de 3.000 personas», detalla la edil.
La taquilla, en una fragua
Acondicionar las galerías, iluminar las salas o recuperar la antigua fragua como taquilla serán algunas de las tareas que pondrán a punto la mina para su reapertura. No obstante, la mayor inversión se destinará a regenerar el entorno de la cueva, que actualmente se utiliza como escombrera. Una vez concluyan los trabajos, estará disponible al público en un horario similar al de su vecina de Pozalagua y al igual que ésta cerrará en su época de menor afluencia para garantizar su conservación.
Los fondos europeos no son los únicos que podrían beneficiar a la galería. El Ayuntamiento carranzano ha desarrollado un proyecto que abarca las cuestiones de seguridad para presentárselo al departamento de minas del Gobierno vasco. El plan que podría otorgar la subvención europea fue desarrollado por el Ente Vasco de Energía (EVE), quien ya advirtió el pasado año del valor turístico de la cueva.
La apertura de la mina Ángela coincidirá en julio del año que viene con otra esperada inauguración. Para esa misma fecha se espera que la Cueva de los Judíos inicie su andadura como espacio de recreación de la prehistoria. La institución local ya organizó un curso que, desde diciembre de 2006, prepara a doce vecinos del valle para trabajar como monitores en ambas atracciones subterráneas. A finales de año completarán su formación y estarán listos para acoger a los visitantes que esperan conocer los nuevos tesoros de Carranza.










