Pero allá por el año 1997 se preparó otro encuentro entre el campeón mundial de ajedrez Kasparov y la dichosa maquinita electrónica, que tenía el nombre de 'Deep Blue' (que en inglés significa azul profundo o azul oscuro), lo que no deja de ser un nombre extraño para una máquina electrónica, y esta vez la máquina derrotó a nuestro campeón.
A mí, como parte alícuota de la raza humana, la derrota me supo a cuerno quemado, porque, como ustedes saben, soy enemigo de estas máquinas electrónicas. Las soporto porque tienen sus ventajas, pero siempre que dichas ventajas estén al servicio del paisanaje en general. Lo que no me gusta es que se nos suban a las barbas y puedan incluso dar sopas con honda a un cerebro humano, que al fin y al cabo es el que las inventó, las diseñó y las construyó.
Han pasado diez años desde aquella humillante derrota y me extraña que nadie, en nombre de todos los seres humanos en general, haya tenido el gesto de enfrentar de nuevo a 'Deep blue' con un campeón mundial de ajedrez capaz de reivindicar nuestra superioridad. Si es que existe, porque ya empiezo a tener mis dudas.
En realidad, estamos empatados a victorias y a derrotas, y creo que se impone salir de dudas y resolver de una vez por todas la eliminatoria. ¿Quiénes son más inteligentes, los 'chips' o las neuronas? Creo que este partido de desempate tiene alicientes de sobra para animar a alguien a organizarlo, y me extraña que hayan pasado diez años y sigamos manteniendo el suspense.
Espero que alguien se anime a resolver esta incógnita que a mí, como representante de la raza humana, me está quemando desde hace dos lustros. '¿Semos o no semos?'










