Digo esto porque recuerdo haber leído un gracioso comentario del que fue director de 'La Gaceta del Norte', Aureliano Lopez Becerra 'Desperdicios', a propósito de las armas que usaban los policías de antaño y alude en el comentario a un «enorme machete» que a la hora de correr y por la ley inexorable del péndulo «irá de un modo fatal a meterse entre las piernas del guardia».
A mí me había quedado el recuerdo de este arma que por lo visto usaban los policías municipales y que según el citado comentario llevaban en la cabeza un casco y en los hombros una capa, lo cual no dejaba de ser un conjunto muy aparente. Imagínenselo ustedes: uniforme con capa, pistola reglamentaria, casco y machete enorme. ¿Cómo sería este machete, me preguntaba yo?
La respuesta la he encontrado en una noticia publicada el 5 de enero de 1886 en la que se aclara que, al parecer, no se trata de un machete de enormes dimensiones, sino más bien de un sable, lo que explica las dificultades de llevarlo colgando a la hora de correr. Veamos lo que decía la noticia:
«El domingo por la noche fueron detenidos en Achuri por un agente del orden público, auxiliado por el sereno de la calle, tres jóvenes que tienen traza de ser 'pájaros' de cuenta, el primero de Navarra, el otro de Guipúzcoa y de Santander el tercero. Les fueron ocupados un enorme puñal y dos navajas, y para reducirlos tuvo el agente que andar a sablazos con ellos. El mayor no excede de 21 años».
Me imagino que los sablazos los daría el agente utilizando la parte plana del sable y no el filo, porque de otra forma la reducción hubiera sido rápida y definitiva. Afortunadamente, y sin que podamos fijar la fecha, el sable fue sustituido por una porra que resulta más contundente que el sable y menos peligrosa.










