
EL PERFIL
Lleva casi tres meses como hondartzaina, y no le ha hecho falta aclimatarse: nació en la villa marinera, ha trabajado dos temporadas como socorrista y le encanta la playa. Aquí se ha lanzado en plancha un sinfín de veces para agarrar el balón... «Era portero en el Lekeitio (en Territorial Preferente) y lo dejé porque no tenía tiempo; estoy preparando las oposiciones para bombero». Ahora, con 27 años, entrena a los porteros y, de tanto en tanto, se estira en el aire para recordar viejos tiempos.
Los buenos reflejos también ayudan cuando se lleva la camiseta de hondartzaina. «¿Hay que verlas venir! Los bañistas están de vacaciones, y con bandera azul se creen que todo tiene que ser perfecto. Si no, tú eres el responsable. Algún día me he ido a casa un poco cabreadillo», reconoce chasqueando la lengua. Y alza la vista al cielo con las manos en los bolsillos. El calor resulta sofocante. Sonríe. Ya intuye por dónde deben tirar: los niños no tardarán en hacer cola delante de las duchas para salpicar a los amiguitos, beber un trago o simplemente apretar, una y otra vez, el botón. «Total, que habrá que cortarles el grifo. Daremos aviso por megafonía hasta que los padres nos hagan caso». Así es como le gusta que corra la pelota, sin vacilaciones, de frente... «Hablando se entiende la gente, ¿no?».
Repetir el año que viene
Aunque la temperatura no ha dejado de subir, Xabier prosigue su ronda a buen paso. Va de punta a punta, con la cabeza bien alta para no perder detalle. Sólo se detiene para charlar con Zohartze, una de las socorristas, que se aleja al poco rato porque la acaban de llamar del puesto. Le quedan 20 minutos para terminar la jornada y no se le ve impaciente por marcharse. «Ojalá pueda repetir el año que viene...». Se encuentra cómodo en medio del bullicio. No le asustan las responsabilidades ni tener que dar la cara. Por eso decidió jugar como portero en el Lekeitio. Y aquí sigue, de un lado a otro. No se le escapa ni una. «Hago lo que puedo. Eso sí, lo importante es el trabajo en equipo». Se golpea la palma de la mano con un puño y mira hacia el mar. A su manera, Xabier continúa bajo los palos. Sin tocar bola pero listo para actuar. Por el bien del público.










