
«El mundo del vino engancha. A mí me cautivó el enólogo Mariano García (autor de los Mauro y San Román, en Toro). Le enseñé la bodega vieja y me dijo que no, que lo que tenía que hacer en Fuenmayor era una bodega, un 'château'. Y me puse manos a la obra», explica José Luis Heras. «¿Por qué hay tantos industriales metidos en el mundo del vino? Porque da prestigio. Ser bodeguero es un negocio importante. Empresarios con dinero, como Florentino Pérez, tienen una bodega. Fernández Tapia también se está introduciendo en el sector...»
In vino veritas
Que el mundo del vino promueve la comunicación y las relaciones cordiales (dicen que posee el don de desatar lenguas) es una verdad como un templo. Tal vez por ello los Heras Cordón han destinado un área de su bodega a nichos o botelleros para clientes y amigos amantes del buen vino. Se trata de pequeñas celdas protegidas por rejas repujadas donde descansan miles de botellas (600 por socio). Como contrapartida, los propietarios pueden visitar la bodega siempre que les apetezca, usar (previo aviso) el merendero castellano para sus eventos y compromisos y, así mismo, pueden recibir (generalmente por Navidades) las botellas etiquetadas de forma exclusiva.
A esta variante de la crianza (y, por qué no, también de la reserva) vinícola se ha apuntado el ex presidente del Gobierno José María Aznar, así como particulares y empresas. Un somero vistazo a los botelleros permite descubrir a la familia Martínez Artacho, a los de la ganadería Manzarbeitia de Orozko o al mismísimo Victorino Martín. También restauradores como los del Asador Frontón o del restaurante El Rebeco. Empresas como Comansa, Distribuciones Ostolaza, Combustibles del Pirineo... Y, algo más exóticos, los jefes del Wok de Bilbao, también tienen sus 600 botellas en Fuenmayor. Supone uno que acudirán a degustarlas en compañía de Huang Chen (de San Sebastián) y Hang Zou (de Gernika), quienes también detentan su medio millar largo de botellas riojanas en la bodega subterránea de los Heras Cordón.
El edificio de la bodega (donde se pueden observar numerosos elementos religiosos recuperados de antiguos monasterios e iglesias) está construido en piedra de sillería del siglo XIX, maderas nobles, ladrillo rústico y piezas de forja.
Los envíos al Vaticano tienen lugar tres veces cada año y son religiosamente pagados por la administración vaticana. Ribera de Duero es la otra Denominación de Origen española que llega a la mesa del Papa.






