Hoy vuelvo al tema de las ballenas por dos motivos: El primero porque un lector tuvo la amabilidad de enviarme al periódico un correo electrónico hablándome de las ballenas y me quedé sin saber lo que decía, porque gracias a mi habitual despiste he perdido su carta. Si su remitente lee este comentario y quiere perdonarme, le ruego que vuelva a escribirme de nuevo porque tengo mucho interés en leer esa carta, ya que este tema de las ballenas de nuestras costas me tiene muy intrigado.
El otro motivo por el que vuelvo a hablar de tales cetáceos es una noticia que pude leer en un periódico del 8 de marzo de 1884 y que está redactada en estos términos. Copio: «De algunos días a esta parte llegan a los puertos Cantábrico las lanchas de pesca con bastante sardina y anchoa, que no han aparecido en nuestras costas este invierno, lo que ha perjudicado considerablemente a la clase pescadora, por cuanto la pesca del besugo ha sido muy escasa. La presencia de la anchoa y de la sardina ha coincidido con la desaparición de la ballena o ballenas que han pasado largo tiempo en las aguas del Cantábrico y con la presencia de crecido número de marsopas o cerdos de mar».
Obsérvese ante todo en estas noticias que siempre se habla de lanchas de pesca y no de barcos de pesca, lo que nos indica que en aquellos tiempos los sufridos pescadores, además de la dureza de su oficio, añadían de propina tener que mover la embarcación a remo, aunque algunos se ayudasen con una pequeña vela. Lo de la vela me lo supongo, porque no estoy muy ducho en estos temas marineros.
Pero lo que a mí me tiene intrigado sobre todo es el hecho de que las ballenas que hace un siglo eran habituales en nuestras costas hoy hayan desaparecido por completo. ¿A qué será debido este cambio en los hábitos de tales cetáceos? Como dijo Hamlet (aunque él lo dijo en danés) esa es la cuestión.










