
-Con su modesto sueldo de pescadera (950 euros) ha llegado a fin de mes... ¿con ahorros!
-Sí, pero hay que tener en cuenta que no he tenido que comprar comida.
-Ésa es la gran pregunta que se hacen los lectores. ¿No va al súper?
-Vivo en casa de mis padres y ellos cargan con esos gastos. Y en agosto he estado siempre en pisos de familiares.
-Pero sí que paga, como la mayoría de jóvenes, una hipoteca, aunque sólo sea de 300 euros.
-Eso ha sido otro tema controvertido, porque me dicen: 'Qué suerte pagar tan poco'. Es que no es una hipoteca real porque el piso aún está en construcción.
-Cuando se independice, ¿los número rojos serán una amenaza real?
-Me imagino que sí, porque los gastos van a ser otros.
-Bueno... Tampoco es muy caprichosa.
-Es verdad. En invierno tengo gastos como el seguro del coche, el gimnasio, salir a tomar algo por las noches pero poco más.
-Este verano se ha privado de ciertas cosas.
-Sí, porque he preferido gastar en Jaiota. Es decir, he decidido invertir mi dinero de un modo diferente. Es así como hay que ver la acogida de niños.
-Algo que para usted no es algo nuevo.
-En casa de mis padres hemos acogido, desde hace años, a tres niños saharauis y a su monitora.
-¿Qué les llevó a hacerlo?
-Sacarles del calor. Que conozcan otra realidad y llevarles a consultas médicas. Ten en cuenta que las vitaminas que se toman aquí les sirven para todo el año.
-Ya, pero acoger a un niño conlleva una serie de gastos que no todo el mundo está dispuesto a asumir.
-Es cierto que mi acogida no es real porque me ayudan mis padres. Pero depende del gasto de cada uno. Y además, quien quiere, puede. Conozco a chicas solas que han tenido niños saharauis en su casa y les ha ido muy bien. Ellos dan más que nosotros.
-¿Repetirá la experiencia cuando viva ya en su casa dentro de dos años?
-Sí. Jaiota todavía puede repetir cuatro años más.










