
De hecho, estaba previsto que en el año 2009 el establecimiento abriera sus puertas de la mano de una firma «de gran nivel» siguiendo el ejemplo del molino de Aixerrota, también rehabilitado para albergar el restaurante Cubita. El proyecto contemplaba la construcción de un local de 350 metros cuadrados de superficie y el Ayuntamiento hubiera cedido el recinto a la empresa adjudicataria por un periodo de 50 años, a cambio de un canon anual de 6.250 euros.
Populares y socialistas se opusieron desde el principio a dar este uso al fuerte. «No queremos que el recinto se convierta en un 'Cubita 2' así que llevaremos adelante la paralización del proyecto», anunció el portavoz del PSE de Getxo, Luis Almansa. La edil popular Marisa Arrúe se sumó a esta opinión «porque rehabilitar el fuerte para abrir otro restaurante es un despropósito». Ambos defienden que el Ayuntamiento se replantee el proyecto «para darle un carácter más social y educativo», aunque no han acordado aún ninguna propuesta concreta. El PSE apuesta por construir un observatorio de aves y un museo naval.
Estudio arqueológico
Se trata del proyecto que resultó vencedor en un concurso de ideas convocado en 1998 para decidir qué uso se le daría en el futuro al fuerte. «No es necesario un gran restaurante, sino un equipamiento público», reiteró Almansa. El PP manifestó ayer ciertas dudas sobre la conveniencia de esta iniciativa. «Quizá no sea ésa la mejor opción, pero estamos de acuerdo en que el municipio necesita un centro sociocultural», explicó Arrúe.
La representante popular también advirtió de que «la rehabilitación del fuerte va a ser compleja, porque se ha dejado morir demasiado». Lo cierto es que la sociedad de ciencias Aranzadi realizó el pasado año un estudio arqueológico de las ruinas del recinto y determinó que «se trata del fuerte más importante y mejor conservado de Vizcaya, y uno de los mejores ejemplos de fortificación militar del siglo XVIII».
De hecho, los expertos recomendaron mantener más del 80% de la estructura del fuerte. Realizaron doce excavaciones arqueológicas y concluyeron que, pese a los derrumbes sufridos con el paso del tiempo, los muros se encuentran en buen estado. Por ello, el Ayuntamiento pretendía, únicamente, adecentar el perímetro amurallado del recinto, conservar la porción de suelo que continúa intacta y reedificar la escalera de subida al faro. El fuerte, construido para proteger el Abra de la flota inglesa, ya albergó un restaurante en 1947. Desde entonces, permanece abandonado.










