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ANÁLISIS
Tomé partido por la gente
02.09.07 -
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El Ministerio de Vivienda encargó el documental 'Ocharcoaga' a la productora Procusa, que era del Opus, a través de Gabriel Arias-Salgado (ministro de Información y Turismo), Gonzalo Fernández de la Mora (Obras Públicas) y Alberto Ullastres (Comercio). Y Procusa contactó conmigo porque yo había hecho para esta empresa tres o cuatro cortometrajes y, además, produjo mi primera película, 'Noche de verano'. Quince días antes de rodar, estuve en los poblados de Bilbao, vi todo aquello e hice un guión. Consistía en retratar a la gente que vivía en las chabolas, la construcción de Otxarkoaga y la destrucción de las chabolas el 29 de agosto de 1961. Una cámara se movía suavemente entre la gente y mostraba cómo se vivía allí. Había precariedad, hacinamiento, se convivía con animales de corral, pero también existía cierta confortabilidad. Había alguna nevera, cosa que me sorprendió. La banda sonora de esa parte era un silbido, una canción. Y retraté Otxarkoaga de forma abstracta, recurriendo al estilo de Mondrian, muy lineal, con música electrónica. En ambos casos, Antonio Pérez Oleaga, ya fallecido, compuso la banda sonora.

Se hizo todo en una semana. Como tenía prisa trabajé con dos equipos. Uno preparaba escenarios y el otro rodaba. Luego se montó. Ahora me acuerdo. El cortometraje empezaba con una serie de planos, casi yermos, de gente trabajando, de gente que se iba a Bilbao. Rodé en unos campos secos de Guadalajara, campos de Castilla, a gente del pueblo saliendo al Norte, al País Vasco, que se veía verde y fértil.

Los del Ministerio de Vivienda estaban encantados con el resultado. Me dijeron que con un tema tan árido había hecho una cosa poética. El problema vino cuando lo vio Franco. Dijo: «muy bien, muy bien, pero no se ve a gente contenta en Otxarkoaga». Fue el único que se dio cuenta. Había un plano donde se veía el interior de una chabola, con un perchero en el medio como si fuera un árbol protector, rodeado de maletas. El desarraigo otra vez.

Debido a lo que había dicho Franco, tuve que rodar unos cuantos planos más de gente que saliese alegre en Otxarkoaga. Grabé a unos vecinos comiendo unos huevos fritos y otros por la calle. Lo hice en un día soleado porque los planos de las chabolas estaban rodados en un día gris. Fueron tres o cuatro planos nuevos para contentar al 'jefe'. Evidentemente, el documental tenía una finalidad propagandística, pero yo tomé partido por la gente, sin demagogia. En todo momento lo hice desde el punto de vista humano.
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