
Al igual que en años anteriores, un centenar de familiares, amigos y vecinos de Laura se dieron cita en la mañana de ayer para celebrar una misa solemne en la parroquia de San Bartolomé en Miraballes. Tras la ceremonia, a mediodía la comitiva se dirigió hacia el cementerio de la localidad, donde se rezó una breve oración. Desde el camposanto, los asistentes ascendieron hasta el monolito erigido en su memoria muy cerca del pinar donde hace ocho años se encontró su cuerpo sin vida. En silencio, sus más íntimos desplegaron una pancarta en la que se podía leer 'Laura Orue, justicia'. Después, un aurresku en su honor y una emotiva ofrenda floral. A pesar del tiempo transcurrido, los presentes volvieron a demostrar que el recuerdo de la joven de Zeberio permanece muy vivo.
«Nos acordamos de ella cada día, pero cuando llegan estas fechas se hace más duro. No perdemos la esperanza de que en algún momento se encuentre a su asesino, pero si al menos viésemos que la Policía hace algo por investigar... en muchas ocasiones parece que ya ha tirado la toalla», se quejaba una de sus mejores amigas, Susana Azkueta, que como el resto de los presentes no pudo ocultar su emoción al término del homenaje.
Sin pistas
La noche del 29 de agosto de 1999, Laura Orue terminó su turno en la sidrería en la que trabajaba los fines de semana para encontrarse con su cuadrilla en las fiestas de Llodio. Sin embargo, no llegó a verse con sus amigas. El 5 de septiembre apareció su cadáver en un monte situado en las afueras de Miraballes.
La Ertzaintza y, después, la Policía Municipal de Bilbao se encargaron de la investigación para esclarecer las causas de la muerte de esta joven de 21 años. Pasó el tiempo y, en enero de 2006, la asociación Clara Campoamor comenzó a colaborar con la familia de la víctima para pedir un nuevo impulso en el caso.
Tras una reunión con el consejero de Interior, Javier Balza, la Ertzaintza de Galdakao retomó la investigación, aunque por el momento sus allegados desconocen si han logrado encontrar alguna nueva pista que seguir para aclarar este crimen. «Nadie nos dice nada y la verdad es que llegas a sentir mucha impotencia», reconocía Azkueta ayer. Durante todos estos años se han llevado a cabo varias detenciones, pero al final los arrestados han quedado en libertad por falta de pruebas.










