
-¿Es necesario que cualquier persona que haya perdido a un familiar por una situación traumática se someta a terapia?
-El duelo es algo subjetivo que cada persona expresa a su manera, aunque siempre cumple tres fases que se expresan con sentimientos de incredulidad, dolor, en ocasiones pérdida de interés y de concentración, por último llega la aceptación. Nosotros hacemos trabajo a demanda considerando que el duelo es una reacción normal ante la muerte de un ser querido. También los rituales establecidos por la sociedad, como el velatorio, ayudan a la persona a asimilar su pérdida.
-¿En qué casos recomienda la ayuda?
-En el caso del «duelo patológico» porque las personas entran en un estado que se asemeja a la «depresión clínica», las fases normales del duelo no se cumplen y los síntomas son más complicados; y en el caso del duelo considerado «normal», cuando existan reacciones que perjudiquen a la persona como el insomnio. Lo importante es señalar las diferencias entre los tipos de duelo.
-En algunas ocasiones llaman a los psicólogos para acudir al tanatorio. ¿Cómo se lleva a cabo una terapia allí?
-Normalmente las personas prefieren vivir esos momentos en familia, pero si lo demanda el cliente el psicólogo brinda atención primaria en esas circunstancias, siempre que se trate de un proceso de duelo normal. Nosotros ayudamos a facilitar la expresión de los sentimientos, así como a canalizarlos y contenerlos. Nuestra función más importante es detectar factores de riesgo patológico. La importancia de la terapia en el caso del duelo complicado es ayudar a que la personas recupere su actividad normal.
-¿Cree que en un futuro habrá mayor demanda de asistencia psicológica?
-Puede darse el caso, porque intervienen factores sociales. Las familias ya no son tan grandes ni tan unidas como antes.
-¿En la sociedad actual se considera que los psicólogos son una especie de plañideras que dan consuelo?
-Los psicólogos no lloran con las personas, pero tienen que ayudarles a expresar sus sentimientos. Es muy importante que tengan un soporte. El aislamiento social, las situaciones familiares graves o las pérdidas traumáticas complican el duelo.










