Un seguro de decesos se ocupa de todo lo relacionado con el sepelio de la persona fallecida. No es en sí un seguro indemnizatorio, sino más bien se trata de una fórmula cultural arraigada en España que comprende la prestación de varios servicios. Normalmente, la aseguradora realiza todas las gestiones que deberían hacer los familiares de los fallecidos en estos difíciles momentos. Se encargan de todas las gestiones burocráticas -la baja en la seguridad social, la inscripción del fallecimiento en el Registro Civil y el certificado médico de defunción- y cubren los gastos del servicio funerario, como la corona de flores y el acondicionamiento del cadáver, entre otros.
Las nuevas demandas y necesidades sociales han llevado a las empresas a ampliar su oferta. Previsora Bilbaína dice que el acompañamiento en el duelo proviene del «modelo anglosajón» y que «cada vez es más frecuente que en un velatorio se escuche música clásica y se coman ágapes», señalan. «Nosotros ofrecemos todo tipo de servicios siempre que no incumplan ninguna ley ni violen alguna norma sanitaria», comenta Juan Rodríguez. «No ponemos objeción si piden que el fallecido sea enterrado vestido de torero, porque los únicos límites son los culturales. Aunque en el País Vasco si algo prima es la discreción y la intimidad», asegura.