¿Qué tiene que ver con la religión las acelgas e, incluso, con las espinacas? Se lo voy a contar evocando aquellos tiempos en los que estaba en vigor la práctica del ayuno y la abstinencia, una costumbre que se ha ido devaluando, pero que tenía gran importancia en aquel Bilbao de hace más de un siglo, en que el espíritu y las prácticas religiosas estaban muy arraigadas.
Recordemos por ejemplo ( y poseo documentación de todo ello) cómo se perseguía a los blasfemos, y cómo algunos de ellos, que no podían o no querían pagar las 25 pesetas de multa que imponía el gobernador, pagaban dicha multa con la cárcel. Y les puedo recordar también la sanción que se impuso a un viandante que no se arrodilló al paso del viático (sacerdote que iba por la calle llevando la comunión a los enfermos).
Y aún puestos a destacar aquel espíritu religioso del Bilbao de antaño, les recordaré que existía el cargo llamado del agonizante, un sacerdote o religioso que ayudaba espiritualmente a los moribundos, y al cual se llamaba a cualquier hora del día o de la noche a la vez que al médico. Y con todo este preámbulo entenderán mejor los lectores, esta gacetilla (aquí viene ahora lo de las acelgas) que se publicó allá por el año 1883. Decía así:
«Acelgas y espinacas. No solamente por lo dispuesto por la Iglesia -sino para beneficio de la salud-, el ayuno y la abstinencia se imponen».
«Lo que dicen las familias bien administradas; la alimentación por medio o conducto de vegetales aligera la sangre, facilita las digestiones y asegura la vida eterna».
Seguro que esta propiedad gastronómico-religiosa de las acelgas no la conocía nuestro experto en dietética Jesús Llona Larrauri.










