Pero los que hablaban del ayuno y la abstinencia se dieron cuenta que estas practicas religiosas podían perjudicar a las personas de salud delicada, aunque la Iglesia creo que ya tiene en cuenta esta circunstancia eximiendo de su obligación a los que, por sus condiciones de salud, pudiera perjudicar.
Sin embargo, los periódicos de la época, que además de su misión específica de dar noticias tenían también en cuenta la salud material y espiritual de sus lectores, no podían quedarse al margen de este problema. No sólo fomentaban el consumo de vegetales como medio de ir al cielo, sino que tenían también en cuenta el problema de las personas débiles, que por esta circunstancia, ajena a su voluntad, podían perder la posibilidad de lograr la vida eterna.
En otro periódico del 1 de marzo de 1884 he encontrado otra gacetilla hablando del mismo tema y ofreciendo una curiosa solución al problema de las personas débiles, que consiste en sustituir el ayuno material por el ayuno moral. ¿Y en qué consiste el ayuno moral? Léanlo ustedes mismos:
«Vamos a entrar, dice 'La Higiene', en uno de los meses del año en que más se manifiestan las desigualdades atmosféricas, y en que por lo tanto necesitan redoblarse las precauciones de la higiene privada».
«Las exageraciones en las prácticas religiosas del ayuno y de la vigilia pueden perjudicar a las personas débiles, quienes sin contravenir a las prescripciones de la iglesia, pueden hacer el bien para el alma y para el cuerpo, contrariando las instigaciones malévolas de su espíritu, en vez de mortificar sólo sus cuerpos enfermizos con una alimentación insuficiente; esto es, haciendo el ayuno moral en sustitución del material».
Hasta aquí la teoría. Lo que no aclaraba la gacetilla es en qué consistían las instigaciones malévolas del espíritu.










