
«Cuando la línea se rompe, suele quedar a la deriva durante semanas y, en ese tiempo, sales a nadar y te encuentras con que las embarcaciones y motos de agua se te acercan muchísimo, con el consiguiente peligro de que terminen por llevarte por delante», censura Igartua. Como él, numerosos usuarios aficionados a nadar largas distancias -las boyas se encuentran a 200 metros de la orilla-, piden «que alguien tome cartas en el asunto», ya que a su juicio la causa principal del problema es clara: «Muchos propietarios de embarcaciones de recreo, que están de paso en estas aguas, amarran en la línea de boyas en lugar de fondear, así que la cuerda termina por romperse», describen los bañistas.
«Seguramente, influirán otros factores en que la cuerda se rompa, por ejemplo las propias mareas, pero desde luego esta práctica de los dueños de los barcos facilita mucho el problema», opina.
Los bañistas consideran que la delimitación de usos es especialmente importante en esta playa. «Gorliz es como un balneario. El mar está tan tranquilo que es uno de los mejores lugares para adentrarse y nadar», explica Gloria Gil, otra asidua del arenal de Gorliz. «Así como en otras playas el propio oleaje evita que te acerques a los barcos, en ésta es necesario que la delimitación sea correcta para evitar accidentes», apunta.
Sanciones
Por ello, piden que las instituciones competentes actúen. «Parece ser que ni la Policía Local ni la Ertzaintza pueden intervenir en este caso y los socorristas también dicen que no pueden hacer nada», lamentan. «Se limitan a mirar. Ni les dicen que se retiren por megafonía, ni mucho menos sacan la 'zodiac'», critica José Luis Igartua. De hecho, estos usuarios piden sanciones contra quienes mantienen esta costumbre. «Las boyas no están ahí para amarrar, así que deberían tomarles la matrícula e imponerles la correspondiente multa», sugieren.









