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Antonia San Juan se transforma en múltiples mujeres en 'Las que faltaban'
La actriz canaria interpreta y dirige la obra de su propia productora en el Palacio Euskalduna
07.09.07 -
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Antonia San Juan se transforma en múltiples mujeres en 'Las que faltaban'
PENSATIVA. La actriz invita en su obra a reflexionar. / BORJA AGUDO
El Palacio Euskalduna dio ayer la bienvenida a las múltiples mujeres que encarna Antonia San Juan (Las Palmas de Gran Canaria, 1961) en 'Las que faltaban'. La obra teatral, que se representa hasta el próximo domingo, sigue la línea monologuista con la que la actriz canaria se hizo conocida en los café-teatros de Madrid. Después de haber viajado por diferentes ciudades españolas, el espectáculo recala ahora en Bilbao, donde la protagonista admite sentirse muy a gusto porque su público «es muy entendido y aficionado al teatro».

Antonia San Juan se presenta como directora e intérprete única de esta obra, en la que se ha cuidado especialmente la palabra con la que se invita al telespectador «a que piense». Los textos, de autores como el desaparecido Terenci Moix, ayudan a la reflexión sin caer en «una obra densa y profunda». El montaje de la obra tampoco resulta complicado. El escenario se llena con una San Juan que acompaña cada una de sus mujeres con un complemento sencillo para identificarlas.

Desencanto

'Las que faltaban' es un análisis de la sociedad actual a través de diferentes personajes femeninos: una soprano, una nueva rica, una hija modélica... Las experiencias de cada una de estas mujeres sirven de pretexto para abordar temas como la influencia mediática en el individuo, lo políticamente correcto o la familia.

Las historias que componen el montaje responden a una visión «realista y no pesimista» de un mundo del que el ser humano no sale muy bien parado. «El individuo quiere hacer el bien, pero no sabe hacerlo», advierte la protagonista cuyas palabras muestran cierto desencanto con el momento que vivimos. Se queja de la incultura, de los maleducados o del machismo, que le hacen pensar que seguimos en los tiempos de «nuestros tatarabuelos».

Esta mujer no se muerde la lengua en un país donde reconoce que no existe la libertad de expresión. Pero ella asegura haber comprado la suya. El tener su propia productora, de la que ha salido esta obra, le permite hablar con claridad y sin tener que seguir versiones impuestas.

La intérprete canaria advierte que le quedan aún cincuenta años de trabajo, en los que su camino seguirá siendo «el espectáculo universal: hablar en un escenario».
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