
Como cada año, la centenaria celebración comenzó al amanecer. A partir de las seis de la mañana, los fieles más madrugadores podían acceder a misa en la ermita de la Virgen. La tradición era ayer una mezcla de fe y nostalgia. «Recuerdo que cuando era pequeña venía con mi madre y mi tía María en carro. Hay un hombre que aún viene con el caballo. Desde entonces me acerco a Pobeña todos los años. Le rezo a diario», se sinceraba Tomasa Íncera, después de acudir a las misas de siete y ocho.
A las once y media de la mañana la Virgen salió de su templo para iniciar la procesión. Tras una primera visita a la residencia de mayores, la talla del Socorro se detuvo para ser agasajada con aurreskus y otras danzas vascas. A su paso por las calles de Pobeña, la Virgen fue recibida con pétalos de colores arrojados desde uno de los balcones. Al grito de '¿Viva la Virgen del Socorro!', la multitud, entregada, rompió a aplaudir con fervor.
Aunque no era precisamente su primer año en la romería, sí era la primera vez que Gonzalo Riancho acudía a esta «cita ineludible» como alcalde de Muskiz. «Venía con mi abuela cuando era un crío y no he faltado nunca, es una tradición importantísima para el pueblo. Aunque ahora, claro, lo hago desde otra perspectiva», explicó el primer edil.
Deporte rural y verbena
Pocos minutos antes de las doce y media, la Virgen y su séquito de fieles alcanzaban una abarrotada iglesia de San Nicolás bajo un sol deslumbrante. Como es tradición, la talla permanecerá allí hasta el 'socorrillo', que se celebra el próximo 7 de octubre, primer domingo del mes.
«Queremos recuperar la tradición marinera. Volver a la romería de antaño y que no se pierdan las costumbres», apuntaba ayer Javier Martínez, miembro de la nueva comisión de fiestas, en la que está involucrada «toda la gente joven» de la localidad.
Después de completar el legendario trayecto, con más de 200 años de historia, los romeros pudieron disfrutar de unas bilbainadas y de la tradicional comida popular en familia o con los amigos. Ya por la tarde, el público pudo contemplar una exhibición de deportes rurales de la mano del hijo de Iñaki Perurena. Una verbena de la orquesta Iris puso el broche final a la intensa jornada festiva.










