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La Diputación afronta la obra más complicada en suelo urbano con el acceso de San Mamés
La nueva infraestructura obligará a rebajar 6 metros un tramo de la A-8 y a construir trece ramales, cinco túneles y tres viaductos sin cortar el tráfico
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Las grandes obras públicas suelen desarrollarse lejos de la ciudad, entre fuertes pendientes y excavaciones para ganar terreno al monte. Cuando bajan a la calle, se multiplican las dificultades técnicas y los quebraderos de cabeza para los conductores. El nuevo acceso a Bilbao por San Mamés pondrá a prueba la capacidad de la Diputación para convertir la A-8 en una vía urbana a su paso por Basurto. Y deberá hacerlo sin interrumpir el tráfico en un tramo por el que circulan 130.000 vehículos al día.

La única forma posible de convivir es establecer un ajustado plan de desvíos. Durante los tres años que durarán las obras, a partir de 2008, los conductores tendrán que adaptarse a más de diez ordenaciones de tráfico, pasando de la carretera actual a los viales de nueva construcción. El objetivo es mantener «en todo momento» los tres carriles por sentido de la autopista, al menos durante el día. «Es la obra más compleja que hemos acometido en una zona urbana», afirma el director gerente de la empresa foral Interbiak, Javier Olivares.

Un desafío necesario para hacer realidad una sentida reivindicación vecinal: el derribo del viaducto de Sabino Arana y, más adelante, el de Rekalde. Además, el proyecto pretende zanjar otra deuda histórica con los residentes en Lezeaga, un barrio partido en dos por la A-8. El soterramiento de un tramo de 300 metros eliminará esta barrera y permitirá ganar 70.000 metros cuadrados de espacios libres.

Para disfrutar de esa imagen habrá que sortear «grandes dificultades y molestias para los vecinos y el tráfico», advierte el equipo redactor del proyecto de trazado, en fase de exposición pública. Es necesario rebajar seis metros la autopista. «Se hará paulatinamente y dando accesos laterales», explica José Antonio Asensio, adjunto a la gerencia de Interbiak. Las excavaciones se llevarán a cabo «con piqueta, evitando las voladuras».

Este es el punto crítico de un trazado con muchos recovecos. Para mantener «todos los movimientos posibles hacia Cantabria y Guipúzcoa», aunque con menor capacidad, se construirán trece ramales, en gran parte soterrados. También hace falta un amplio despliegue de estructuras: 25 muros, un túnel de 454 metros con forma de herradura, cuatro falsos túneles y tres viaductos.

Los trabajos costarán 154 millones y obligarán a derribar catorce edificios de viviendas, la mayoría en Santa Ana. Pero lo que más preocupa a la institución foral son las incidencias del tráfico. El precedente de la tristemente famosa pasarela de Bentazarra, muy próxima al tajo, ha puesto en guardia a los técnicos, que la mirarán de reojo cuando tengan que cortar algún carril en horario nocturno.
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