Las de bolsillo eran unas cajitas con tapa y gomitas de cierre automático que llevaban una fotografía impresa. Los chavales de entonces apreciábamos mucho aquellas cajitas, porque la tapa con su grabado nos servía de cromos para jugar a las chapas.
En todas las cocinas de entonces se encendía el fuego con cerillas y por lo que he podido leer, las mas conocidas y usadas en Bilbao eran las que fabricaban, en el pueblo navarro de Cascante, los señores Guelbenzu, muy conocidos y queridos en nuestra villa, donde habían estudiado en sus años juveniles. De todo ello me enteré al leer la noticia del incendio ocurrido en su fabrica de fósforos, que se publicó el día 17 de enero de 1880 y que decía así:
«El incendio que el domingo último hubo en la fabrica de fósforos de los señores de Guelbenzu, no ha tenido las proporciones que le han dado varios periódicos, pues dominado a las cuatro horas, pudieron salvar los almacenes principales, la maquinaria más importante y la mayor parte del edificio».
Después de dar estos y otros detalles del incendio, la noticia aclaraba la relación que tenían sus propietarios con nuestra villa en este párrafo final: «Los propietarios de dicha fábrica, señores Guelbenzu, son poco menos que bilbaínos y tienen aquí numerosos y buenos amigos por haber permanecido en esta villa varios años dedicados al estudio».
Hoy en día, las cerillas han perdido la hegemonía que tuvieron en aquellos tiempos en que eran insustituibles tanto para los fumadores como para las amas de casa, que tenían que realizar cada día, mañana y tarde, la tarea de hacer un buen fuego para poner a punto la cocina económica. Esto puede justificar que ya no sean tan populares en Bilbao los fósforos de Cascante, de los cuales volveremos a hablar mañana, 'Deo volente', porque tengo otra noticia curiosa que relaciona fósforos y poesía. No se la pierdan.










