
El proyecto, a la espera de ser aprobado por la Diputación y el Ayuntamiento de Bilbao, supone el derribo de seis viviendas unifamiliares, de la 37 a la 42, y de los ocho pisos de los edificios 61 y 63. Un total de 14 familias afectadas. «Para agosto de 2008 ya se tienen que marchar», informa Gotzon Tueros, que reside en el número 14. La solución que ofrecen a los damnificados es el terreno donde se levantaba la antigua fábrica Krug, cercano a Santa Ana, pero según este vecino, «en un nivel de altura considerablemente más bajo» y, por lo tanto, «de menos valor». Durante la construcción de las nuevas viviendas, la Diputación pagará, asimismo, cinco años de alquiler a los desalojados.
Jone tiene 84 años y vive en una de estas coquetas viviendas de estilo inglés que se derribarán, la 40. Lleva desde la adolescencia residiendo en el barrio y por nada del mundo lo abandonaría. «Si hace falta me ataré a la casa», dice. Por su parte, Jorge Taranco, que reside en uno de los pisos del edificio 63, afirma sentirse «emocionalmente roto». «Lo peor ha sido la frialdad de la Diputación. Yo nací en Santa Ana y todos mis recuerdos están aquí. ¿Cómo se indemniza esto?», señala. Su vecino de arriba, Carlos, vive en el barrio desde hace diez años. «Han sido los más cortos de mi vida; esto es un privilegio», asegura. Durante este tiempo, este bilbaíno ha tenido un criadero de perros en el barrio. «Ya me estoy deshaciendo de él. ¿Adónde meto los perros en un piso?», se pregunta apenado.
«Maltratados»
Santa Ana se encuentra cerca del monte, pero sin estar alejado del centro de Bilbao. Pilar Eresta, residente en el número 18, habla claro: «esto es un oasis dentro de una gran urbe; desde aquí vemos la ría hasta Santurtzi y, además, es un sitio ecológico porque tenemos mucha zona verde».
Pilar es uno de los residentes que no deberán abandonar el barrio. Aun así, también muestra su descontento con la Diputación. «Las negociaciones solamente son con los desalojados, pero a los que nos quedamos no nos compensan», lamenta. Por su parte, Gotzon Tueros explica que, durante las obras, «las casas se mancharán, habrá ruido y tenemos miedo de que las excavadoras dañen los cimientos. Nadie nos ha garantizado por escrito que si pasa algo nos lo asegurarán». También le preocupa «la desvalorización» del barrio cuando todo termine.
El barrio de Santa Ana se inauguró en 1932. Desde entonces, cada 25 años, los vecinos hacen una fiesta. El pasado junio celebraron el 75 aniversario, en cuyos actos acudieron representantes de todos los partidos políticos del Ayuntamiento de Bilbao. Sin embargo, reconocen que, «este año, dadas las circunstancias, nos planteamos no organizar celebraciones, pero finalmente lo hicimos».
Todos estos años han vivido con normalidad, pero desde 1989, cuando se planteó la construcción del nuevo acceso, su manera de vivir cambió. «No hemos podido hacer obras en casa porque no sabíamos si nos las iban a tirar», afirma Tueros. «Hemos vivido en una casa vieja a la fuerza», matiza Sáenz de Tejada. Asimismo, el presidente de la cooperativa denuncia que «en estos 18 años, nos hemos sentido maltratados por la Diputación porque nos hemos enterado de las modificaciones del proyecto por la prensa».
Aunque viven momentos complicados, estos bilbaínos se sienten orgullosos de su barrio y tienen pensado editar un libro con todos los detalles de estos 75 años de historia.










