Siempre ha sido muy independiente y nunca ha sentido una especial necesidad de conocer gente nueva. «Yo tenía mi grupo de amigas y con eso me bastaba». Al llegar a Leipzig sólo tenía a su novio y en las ocho horas que tenía de clase, «tuve que hacer un esfuerzo que nunca había hecho antes ». Y ha resultado fructífero. De hecho, alguno de sus antiguos compañeros son ahora sus amigos. «También el contacto con los alumnos hace que te esfuerces en ver otros puntos de vista». Así que le saca provecho a la experiencia, manteniendo su discreción habitual.










