Al parecer, los señores Guelbenzu, los navarros de Cascante tan vinculados a Bilbao como pudimos leer ayer, habían achacado a su competidor zaragozano el exceso de cartón en las cajas y el señor Franco, que era el fosforero de Zaragoza, le contestó en verso romance. Lo vamos a poder leer en la gacetilla que se publicó en Bilbao el 15 de julio de 1879.
La gacetilla comenzaba así: «Es un dolor el ver cómo ha decaído la poesía 'ejunden fusfuris' o sea la fosfórea, desde los buenos tiempos en que la cultivaban en Navarra, hasta estos en que la cultiva Franco en Zaragoza. En prueba de esta decadencia, recordemos aquellos versos del fósforo cascantino que decían: ¿Qué se suicida un amante / por haber perdido el seso? / ¿Qué tienen que ver son eso / los fósforos de Cascante?».
Y una vez copiados estos versos del fosforero de Cascante, el periodista citaba los del señor Franco de Zaragoza, contestando al parecer a alguna alusión de su competidor navarro. Sigamos leyendo:
«Y a continuación daremos a conocer las siguientes 'berzas' del fosforero zaragozano, que se ha metido a polemista con su colega Guelbenzu: «En esta caja verdad / se da lo que se ofrece / ciento cincuenta cerillas / de una clase regular / y si Guelbenzu pregona / que pongo mucho cartón / no poniendo nada suyo / ¿qué le importa a ese señor?».
Y el periodista terminaba su escrito con este párrafo: «Francamente, si los fósforos de Franco son tan malos como los versos, no daríamos nosotros un céntimo de franco por ellos, aunque nos los enviase francos de porte».
Lamento no poseer datos sobre la calidad de los fósforos de Franco que ya han pasado a la historia, pero ciertamente no estuvo excesivamente acertado el poeta al elogiarlos, cuando en su tercero y cuarto verso, se limitaba a ofrecer «ciento cincuenta cerillas, de clase regular». Por lo visto de aquellas cerillas no se fiaba ni el mismísimo fabricante.









