
Esas cifras figuran en las previsiones que el comisario Joaquín Almunia presentó ayer en Bruselas, que incluyen datos de los siete socios más importantes de la Unión. Aunque su variación con respecto al documento elaborado en mayo, cuando la UE se encontraba en un momento dulce, es mínimo, la Comisión vislumbra que la factura de la crisis será más abultada en alguna de las grandes potencias europeas. Por ejemplo, en Francia, cuyo Producto Interior Bruto (PIB) apenas mejorará el presente año un 1,9%, según augura; es decir, medio punto menos de lo que apuntaba hace apenas cuatro meses. La OCDE predice un aún más modesto 1,8%. El Gobierno de François Fillon sigue haciendo oídos sordos a estos augurios y apuesta por un alza del 2,4%.
Almunia se esforzó en resaltar que Europa está en buenas condiciones para plantar cara a las turbulencias de los mercados, que podrá resistir sin graves trastornos; «al menos, si su duración no se prolonga». «La economía europea reposa sobre cimientos sólidos, que nos permitirán afrontar las actuales perturbaciones financieras», enfatizó al hacer público el informe y en una posterior comparecencia en el Europarlamento. Sin embargo, sostuvo que los «riesgos acentuados» que acechan sobre el futuro deben llevar a los gobiernos a continuar sus planes de reforma y de saneamiento de las cuentas públicas a fin de reforzar la resistencia ante la crisis.
Fuerte demanda
El comisario fundamentó su optimismo en la fortaleza de la demanda interna -en particular, el consumo de las familias-, que se ha consolidado como el motor del crecimiento y que a su vez es fruto de la buena salud del mercado laboral. El paro ha caído por debajo del 7% tanto en la UE-27 como en la Eurozona, un nivel que no se alcanzaba desde comienzos de los años 80. La inflación, sin embargo, parece repuntar, lo que amenaza con nuevas subidas de los tipos de interés, como insinuó ayer el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet.
El responsable comunitario sostuvo que «es pronto todavía» para calcular la repercusión en 2008 de la crisis financiera. No obstante, predijo que el frenazo de la actividad se acentuará el próximo año; incluso, más de lo esperado hace unas semanas. Los efectos en la economía real aumentarán si persiste el endurecimiento de las condiciones financieras; es decir, el alza del precio del dinero y la dificultad para lograr préstamos.
España conservará el ejercicio entrante una expansión muy por encima de la media de la Eurozona, aunque no tan fuerte como la actual. «No va a seguir creciendo a un ritmo tan extraordinariamente fuerte como el de los tres últimos trimestres» -entre el 4% y el 4,1%-, vaticinó Almunia, quien relacionó esa desaceleración con el final del 'boom' inmobiliario. A ello han contribuido el incremento de los tipos y «cierta madurez del ciclo de la vivienda», explicó tras subrayar que la desaceleración de ese sector no será brusca, ya que su tirón no se ha sustentado en una demanda artificial, sino en una que «sigue existiendo», aunque sea de menor envergadura.








