
Ocurrió en Arrigorriaga el lunes por la tarde. Este operario trabajaba en las obras de construcción de un parking subterráneo en el barrio de Santa Isabel, cerca de La Peña, cuando un hombre, al parecer molesto por el ruido que ocasionan los trabajos, disparó a los operarios con una escopeta desde su domicilio, situado a unos 20 metros. No hubo heridos, ya que los perdigones impactaron contra la máquina. La Ertzaintza detuvo al autor del disparo y se incautó de dos escopetas de su propiedad.
Es la segunda vez que los trabajadores de este parking de Arrigorriaga salen ilesos de un suceso así. «Hace tres meses recibimos otro tiro de escopeta. Entonces le rozó a un compañero en la mano», recuerda Martínez, quien asegura que los vecinos han emprendido una cruzada contra el ruido que se ha traducido en ataques contra ellos. «Nos han echado de todo. Botes de mayonesa, de tomate... La gente siempre se queja de que las obras generan molestias, pero lo que ocurre aquí es más serio», advierte este empleado de Etxebarri, que atesora casi veinte años de experiencia en el oficio.
El martirio del vecindario es una máquina excavadora con un martillo hidráulico perforador de grandes dimensiones que ayer presentaba el impacto de escopeta recibido el día anterior. Cada mañana comienza con su recital de perforaciones. «El ruido se te mete en la cabeza y aunque paren de trabajar lo tienes ahí instalado para el resto del día. No puedes ni ver la televisión», reconocía una residente de la zona. Ella, como el resto, acababa de enterarse del suceso del día anterior, que ayer era la comidilla del vecindario. «Lo de este señor es un poco radical pero es verdad que el ruido es terrible y parece que se te va a caer la casa encima. No sé por qué no prueban a hacer voladuras con dinamita para agilizar los trabajos», proponía Andrés López, que reside en Santa Isabel desde hace dos décadas.
«Le sacó de sus casillas»
Un hombre del mismo portal donde vive el detenido aseguraba que los trabajos resultan «desquiciantes» y trataba de encontrar una explicación a la reacción de su vecino. «Es una persona normal y nunca le hemos visto ninguna reacción violenta. Pasa todo el día en casa y, al final, tanto ruido le sacó de sus casillas».
Explicación que no convencía a Zacarías Sánchez, otro residente en las cercanías. «Si queremos tener aparcamientos hay que aguantar. Es desagradable pero no podemos ponernos a pegar tiros por cualquier cosa que nos moleste», zanjaba.
Además del ruido, otros propietarios de un edificio cercano se quejaban porque «han aparecido en el bloque grietas producidas por la excavación en la roca».










