Hubo de todo, desde un dragón furioso con unos ojos rojos amenazantes y enormes dientes, al que acompañaban hombres de hojalata, hasta un 'Taller de robots' móvil, que trataba de controlar las andanzas de un enorme ejemplar azul, tipo muñeco Michelín, que se empeñaba una y otra vez en avasallar a los más pequeños.
No faltaron los ritmos de futuristas bufones que, aprovechando el impulso de unos zancos metálicos, repetían saltos y piruetas imposibles. Desde oriente y, haciendo uso de la pólvora para recrear pequeños fuegos artificiales, los chinos honraron al sol y la luna con sus bailes.





