
OTRAS REACCIONES
Imaz era una pieza clave en el tablero de ajedrez de Zapatero tanto por lo que representa desde el punto de visto político como por el factor humano. Miembros del Gobierno y del PSE coincidían ayer en alabar la «lealtad» con la que había actuado el presidente del PNV durante el naufragado proceso de paz. El dirigente jeltzale, en ese sentido, mantuvo y mantiene una relación fluida con el presidente Zapatero, con el Ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y con el secretario general de los socialistas vascos, Patxi López. «Imaz permitió recuperar la confianza y la credibilidad en el nacionalismo y, tras el frentismo de Lizarra, volver a pensar en una etapa de acuerdos», resumía ayer un dirigente socialista. Ahora, la retirada del líder jeltzale obligará a los socialistas a esforzarse para tejer una nueva red de complicidades con el sucesor de Imaz.
Pero la confianza con Imaz fue posible porque el nacionalismo moderado que representa se ajusta como dos piezas del mismo puzzle con la estrategia que desde el Gobierno central se defiende con respecto al País Vasco y con la visión de futuro del PSOE. Con respecto a la lucha antiterrorista, la postura de Imaz de defender «primero la paz y luego la política» fue valorada muy positivamente por el Ejecutivo central y servía de vacuna para posturas más desafiantes del nacionalismo vasco. Además, su firmeza ante la izquierda abertzale conviene a los socialistas en un momento en el que, una vez rota la tregua de manera definitiva, apuestan porque todo el entorno del MLNV entienda desde el punto de vista político y policial el coste del regreso a la violencia. La moderación de Imaz también es imprescindible en un contexto en el que el análisis socialista sostiene que lucha contra ETA avanzará más rápido si cuenta con el respaldo nacionalista. Según fuentes próximas al Gobierno, «cuando es necesario aplicar el bisturí y no actuar a cañonazos, la figura de Imaz es indispensable».
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Pero además, un PNV moderado permitía pensar en firmar acuerdos tras las elecciones generales de 2008. Los socialistas saben que, en caso de una apurada victoria sobre el PP, será más fácil pactar con «el PNV de Imaz» que con un jeltzalismo radicalizado y rupturista, representado por las tesis del rival por dirigir el EBB: Joseba Egibar.
Por ello, en Ferraz se veía con preocupación que el lehendakari Juan José Ibarretxe hubiera retomado tras el alto el fuego sus planes para llevar a cabo una consulta independentista aunque suponga el enfrentamiento frontal con Madrid. Esta idea, defendida por Egibar y cuestionada por Imaz, rompe los esquemas socialistas de pacto y transversalidad para Euskadi y dibuja un temido escenario de frentismo y acumulación de fuerzas nacionalistas.
Pese a todo, los socialistas consideraban ayer que no todo está perdido. Según fuentes del PSE, «la marcha de Imaz va a ser un cataclismo para el PNV por lo que todavía es pronto para valorar qué efectos va a tener». Según esta persona, ni siquiera el Pleno de Política General previsto para el 28 de septiembre y en el que Ibarretxe definirá su política servirá para intuir los futuros pasos jeltzales. Otras fuentes, sin embargo, temen que en las próximas semanas el discurso de Ibarretxe y Egibar sea el preponderante, lo que obligará a los socialistas a actuar a la defensiva ante pronunciamientos cada vez más radicalizados.






