Salvamento Marítimo y la Ertzaintza coordinaron las labores de rescate, en la que participaron asimismo embarcaciones de Cruz Roja y un helicóptero de la Policía autonómica. Pronto, el dispositivo logró localizar la embarcación hundida junto al dique, hacia el exterior del puerto y «a unos veinte metros de profundidad», según reveló un portavoz del Departamento vasco de Interior.
Después de un rastreo infructuoso y cuando la falta de luz dificultaba sobremanera las maniobras, los miembros del operativo hallaron sin vida al joven desaparecido. Eran las nueve de la noche. Dos buzos de la Brigada Móvil de la Ertzaintza rescataron el cuerpo y lo trasladaron inmediatamente al puerto de Zierbena, donde permaneció hasta que el juez de guardia procedió al levantamiento del cadáver.
Al parecer, los jóvenes se encontraban pescando cuando ocurrió el accidente. El hecho de que el menor no pudiera salir del agua por sus propios medios hace sospechar a los investigadores que «se enganchó en una cuerda u otro objeto similar», aunque de momento estaban abiertas todas las hipótesis. El testimonio del joven que acompañaba al fallecido será, en cualquier caso, clave para dilucidar las verdaderas causas del siniestro.
«¿Es mi hijo, es mi hijo!»
Nada más llegar al lugar de los hechos, el padre del adolescente ya se temía lo peor. Sus desgarradores lamentos hablaban por sí solos. «¿Es mi hijo, es mi hijo!», gritó mientras se bajaba del coche. Tan sólo unos minutos después, los equipos de rescate encontraron el cadáver, mientras los agentes de la Ertzaintza intentaban consolar al hombre antes de que el cuerpo arribara a puerto.
El siniestro conmovió a los vecinos de Zierbena. Una veintena de personas aguardaron expectantes un desenlace en la zona, mientras se preguntaban quién era el desaparecido. «No le conocemos, así que debe ser de fuera», se comentaba en los corrillos. Luego, supieron que residía en Santurtzi y se sorprendieron al conocer que no se trataba de la primera vez que salía a navegar. «Algo raro les ha tenido que pasar a los chavales, porque no es normal», se extrañaba María Ruiz.










