
Lo suyo le ha costado al ciclista, que apenas dedicó dos horas diarias a dormir en esos once días, 17 horas y 27 minutos que duró la travesía sobre dos ruedas. Julián recorrió unos 650 kilómetros diarios, superando importantes desniveles y pasando del calor sofocante del mediodía al frío de la madrugada sin bajarse de la bici. En esta «ruta express» no han faltado cimas míticas como la Madeleine y el Glandon. Eso sí, una detrás de otra, sin tiempo para deleitarse.
Pero lo realmente duro para Sanz ha sido ganarle la batalla al sueño. «Llegó un momento en el que me dormí sobre la bici y me caí dos veces», asegura el ciclista. Para evitarlo, puro ingenio. «Rodaba por el arcén buscando un terreno más bacheado o me ponían música en la furgoneta que me acompañaba», recuerda. Lo mejor para no dormir, «cantautores en castellano, así lo entiendo y canto. También me leían un libro de cuentos históricos, muy interesantes», aseguró.
Empeñado en conocer sus límites físicos, el ciclista de Miraballes precisa que «el mayor desgaste es psicológico. Es curioso ver cómo el cuerpo se renueva sin parar, recuperar la mente es más complicado», asume. Para dar con este tipo de respuestas cambió Sanz el triatlón por el ultra fondo
Hasta Burgos y volver
Hasta llegar a vencer en la prueba, reconocida como el campeonato del mundo de la modalidad, Sanz entrena «cuerpo y mente». Durante la semana este administrativo se levanta «a las tres de la mañana». «Hago un rato de bici, me vuelvo a la cama y luego al trabajo». Los fines de semana, su preparación puede extenderse más de 24 horas. «Voy de Miraballes a Burgos, como y vuelvo». Rutas por Soria y La Rioja también son habituales para este ciclista, que completó en julio los 700 kilómetros del Camino de Santiago en 28 horas. Sus próximos retos: batir el récord de kilómetros completados en un día y atravesar los Estados Unidos de costa a costa.









