
Su cuenta atrás, sin embargo, había empezado bastante antes. En su recta final sólo generaba malas noticias. En la primavera de 1993, un incendio fortuito arrasó su escenario mientras un grupo de operarios preparaba el teatro para un acto empresarial. Las grandes empresas vascas, como el BBVA e Iberdrola, celebraban allí sus juntas de accionistas. En 1997, el Ayuntamiento ordenó la reconstrucción de las columnas y el escudo central de la fachada, así como la restauración de la cornisa por riesgo de desprendimiento. Advertencias serias para un escenario histórico que un sinfín de cómicos populares, con Pedro Osinaga a la cabeza, lo convirtieron en su cuartel festivo en la Aste Nagusia.










