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Juan de la Encina se queda para siempre en Bilbao en un retrato de Alberto Arrúe
Gutiérrez Zubiaurre, hijo del histórico crítico y sobrino de los pintores, dona dos óleos y documentos al Bellas Artes
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Juan de la Encina se queda para siempre en Bilbao en un retrato de Alberto Arrúe
Leopoldo Gutiérrez Zubiaurre, ante su padre. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
«Voy a sentir la ausencia de los dos cuadros, pero son lo suficientemente buenos y pienso que van a estar mucho mejor en el museo que en mi casa». Así presentaba ayer Leopoldo Gutiérrez Zubiaurre, hijo del crítico de arte Ricardo Gutiérrez Abascal, que firmaba como Juan de la Encina, y sobrino de los famosos pintores -Valentín y Ramón-, un gesto de generosidad inusual en estos tiempos: la donación al Museo de Bellas Artes de Bilbao de un histórico retrato de su padre con 24 años, obra de Alberto Arrúe de 1907, y otro de su madre, Pilar Zubiaurre, pintada hacia 1911, con 26 ó 27 años de edad, por su hermano Ramón.

«Tengo otros que pienso que deberían acabar también aquí, sobre todo uno, una naturaleza muerta de Valentín con un fondo de paisaje y dos figuras, un cuadro que tengo en la casa familiar de Garai y que me trae muchos recuerdos; todavía quiero seguir viéndolo mientras viva», añadió el mecenas, vasco nacido en Madrid en 1924 y que se ha hecho a sí mismo en México, donde la familia se exilió en 1938. También ha regalado al centro una selección de cartas, fotos, textos de cursos y conferencias, libros, artículos, catálogos y revistas del archivo familiar.

El retrato de Juan de la Encina, «muy de Escuela española, muy velazqueño y simbolista», en palabras de Javier Viar, director del centro, había estado ya en el museo con la exposición dedicada hace años a los hermanos Arrue, tal como recordó la diputada de Cultura, Belén Greaves. Volvió en el otoño de 1998, en la exquisita muestra colectiva de artistas de época con la que se recreaba la visión del arte vasco del prestigioso crítico. Entonces fue restaurado por los servicios del museo. Ayer ingresaba en su colección para siempre.

En el otro, Pilar Zubiaurre -una valerosa mujer que llevó la carrera de sus hermanos y tuvo tiempo para explorar el feminismo en España junto a Victoria Kent y María de Maeztu- aparece pintada por su hermano Ramón por partida triple, a diferentes edades, en diferentes posiciones y con distintos vestidos. El cuadro era más grande; según cuenta Leopoldo, a un lado situó al piano a su padre, Valentín María Zubiaurre, que fue director de la Capilla Real, en Madrid, durante 30 años, pero luego desapareció esta escena. «Yo creo que el propio Ramón lo recortó, dejando lo que vemos, pero es que los dos hermanos hicieron cosas así en unos cuantos de sus cuadros».

«Son dos obras muy importantes para el Museo», atestiguaban Greaves y Viar; un museo, que «después del Prado -atestigua Leopoldo- es el mejor museo de España».
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