
Pérez recuerda en su carta que la UPV no tiene un sistema de control que permita conocer si esos días el profesor realizó su actividad laboral. «Las peculiaridades del personal docente e investigador en lo relativo a la confección y composición de la jornada, su distribución horaria, la relación de actividades no presenciales, etc... hace que el profesorado no esté sujeto a sistemas de control diario en su puesto de trabajo como están otros colectivos en la propia Universidad», detalla. Esa falta «de control horario», añade, «genera dificultades insalvables para determinar con precisión el ejercicio del derecho de huelga».
El rector intenta convencer a los profesores con argumentos sólidos para que confiesen. «Tratándose de un derecho fundamental no cabe ningún debate en torno al derecho a la huelga, como tampoco admite duda alguna el deber de la Administración de practicar la deducción correspondiente a quiénes la secundan». No puede tener la misma repercursión acudir o no al puesto de trabajo, hacer o no la huelga, les razona el rector, porque «se desvirtuaría el significado del conflicto». El Rectorado les da un plazo de 14 días. «Si no se recibiera de su parte contestación o alegación alguna, entenderé que no hicieron las huelgas», les dice Pérez en su carta.
Paro para exigir subidas
La experiencia de estos últimos meses apunta a que el Rectorado volverá a tener el silencio por respuesta. En estos 16 meses, la UPV ha enviado varias comunicaciones a facultades y departamentos universitarios para que recabaran los datos de los docentes que secundaron las huelgas e indicarles el procedimiento a seguir para transmitir esa información. No obtuvieron contestación alguna.
Las autoridades académicas saben que la lista de huelguistas es larga. «En las fechas de convocatoria de los paros, la actividad fue prácticamente nula», reconoce el rector en su carta. Los 4.200 profesores de la UPV secundaron de forma mayoritaria las movilizaciones convocadas por todos los sindicatos -CC OO, ELA, STEE-EILAS, LAB, UGTE, y CSIF- para reclamar una subida general de los sueldos. Las jornadas de lucha vaciaron las aulas de las facultades de los tres territorios. La mayoría de los centros universitarios cifraron los paros en más de un 90% e, incluso, algunos en el 100%.
El rector subraya en su mensaje a los profesores que el número final de docentes que admitan haber parado debe ser «coherente» con esa realidad de que fueron huelgas con un seguimiento masivo. «De esa forma nadie podría acusar a los profesores de ejercer parcialmente el derecho a la huelga haciendo un uso particular e interesado de la falta de un sistema de control de presencia, no trabajando pero sin que ello tenga su correspondencia retributiva, que es lo mismo que decir que el ejercicio de huelga no tienen ningún efecto en su productividad», les advierte Pérez.






