Echando un vistazo desde la A-8 o desde las grandes superficies de Megapark y Max Center, la distancia que separa el escondido núcleo rural de Durañona y El Regato parece acortarse a medida que pasan los días. Largos túneles y viaductos salpicarán pronto este verde paisaje. Será entonces cuando cambie definitivamente su aspecto y el asfalto tiña el hierro escondido en las montañas.
La operación tiene efectos inmediatos sobre el entorno. Primero, fue el derribo de las instalaciones de una pequeña empresa constructora. Luego, se tuvo que invadir el arcén de la carretera N-634 en las cercanías de Ugarte y, en breve, le tocará el turno a la mejora de los viales que atraviesan la zona. Al menos, los núcleos urbanos no se verán afectados en gran medida por las faraónicas obras. Ni siquiera en el futuro por la 'Supersur', ya que la Diputación se ha comprometido a instalar pantallas acústicas que atajen el ruido procedente de la nueva autopista.










