
Quién les iba a decir que su ceremonia iba a ser «tan diferente» -así la definen sus amigos entre bromas al enterarse de que iban a salir en el periódico- cuando se conocieron hace diez años durante la Aste Nagusia. Su aniversario se celebra en esas fechas, pero el destino, bien caprichoso, quiso que coincidieran antes. La hermana de Ricardo hizo la comunión el mismo día, a la misma hora y en la misma iglesia que Marta. Al tiempo de empezar a salir juntos, un día cualquiera, fisgaron entre sus fotos de infancia. Entonces se dieron cuenta de la anécdota. «Seguro que nos vimos, pero quién iba a pensar ». De ese primer encuentro han pasado unos cuantos años, y dentro de unos días saldrán del Ayuntamiento de Bilbao como marido y mujer. Eso sí, con mucho estilo. El de Ion Fiz.
«Cuando nos enteramos de que éramos los afortunados, llamamos a toda la familia. Era como si nos hubiera tocado la lotería. Nos ha cambiado la boda. Esto la hace aún más especial». De esta forma reaccionaron al saber que Ricardo había ganado un traje de novio hecho en exclusiva por el modisto vasco. Toda una sorpresa y un alivio, porque aún no había decidido cómo se vestiría para ese día. «Como siempre, lo dejaría para el último momento».
La elección
¿Prefieres ir en tonos oscuros o claros? Con esta pregunta arrancó el encuentro entre Ricardo y el diseñador, en la tienda que Fiz tiene en el centro de Bilbao. Aunque primero hubo que tomarle medidas de la cintura, la espalda, el largo del brazo, el talle ¿Incluso de la muñeca para los gemelos! «Es como hacer una funda para el sofá y es lo primero que se hace cuando alguien quiere que le confeccione un traje, además de intentar conocer su carácter y el de la prometida. Son muchos los detalles que se tienen en cuenta», explicó el modisto a su vez que Marta bromeaba: «Si Ricardo no sabe ni lo que es un metro».
Después, la novia desveló su misterio mejor guardado. «No me importa contarlo. Llevo falda y un corpiño con una chaqueta rosa», decía con total naturalidad. Todavía necesitaba algún dato más. «¿Quiero un cambio! No me importa llevar algo diferente». El diseñador le tomó la palabra, aunque respetando siempre sus indicaciones: «Prefiero la chaqueta más bien corta» y «no me apetece chaleco», respondía así a algunas preguntas. «¿Y pajarita?», bromeó Fiz. «¿Qué va!» No había vuelta atrás. El modisto recabó todos los datos para dibujar sus cuatro propuestas.
Después de varias semanas de intenso trabajo: «¿Ya tenemos traje!». Gris mercurio en satén. Chaqueta para esmoquin entallada de dos botones. Pantalón de corte clásico y bolsillo italiano. La camisa de algodón satinado y corbata en rosa palo. «Es la propuesta que más me gustaba», esboza un Fiz entusiasmado. «Es un poco atrevido pero le voy a sacar mucho partido», afirmó a su vez Ricardo. Ahora sólo le queda estrenarlo y decir: «Sí quiero».










